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XVII Festival de Poesía de Medellín:
Una realidad, un poema contra la guerra

Inauguración del XVII Festival de Poesía de Medellín

Medellín, julio 24 (Redacción). Había circulado un rumor hermoso desde hacía muchos días y meses. Se decía que los poderes de la ciudad y la nación estaban en un inminente peligro. Algunos planteaban que se trataba de una invasión, que legiones de poetas armados de poemas de diversos calibres, de corto y largo alcance, algunos con poemas balas que en su punta destilaban antídotos contra la violencia y otros que al entrar en contacto con la piel humana generaban un efecto inmediato de reacción contra la guerra.

Y resultó que este rumor hermoso, era cierto, real y tangible. El inicio y desarrollo del Festival Internacional de Poesía de Medellín, desde el 12 de julio, fue el acontecimiento cultural y estético más importante en la historia del país. La presencia de 80 poetas, venidos de 55 países, de los cinco continentes, generó en la ciudad y el país una corriente renovadora de los anhelos de paz de un pueblo cansado, mas no desesperanzado, de la guerra, de la injusticia social y del dolor que estas producen.

Nuestra patria está en un momento en que el Estado se niega de manera inhumana al intercambio humanitario, en que la guerrilla no fue capaz de garantizar la vida de los 11 diputados y en que el paramilitarismo vocifera sus crímenes, resguardados al amparo de la impunidad que les brinda la ley de justicia y paz. En este contexto el XVII Festival, asume la condición de impulsar una corriente critica y de compromiso profundo con la lucha por la paz.

Esta versión del Festival Internacional de Poesía de Medellín, tuvo varias características que lo hacen un festival diferente, de todos los anteriores.

Por primera vez llega al Festival una delegación del Bundestag, siete parlamentarios miembros de la comisión de cultura y medios del Parlamento de Alemania, quienes estuvieron presentes en la inauguración del Festival, y hablaron al publico a través de su portavoz, la parlamentaria Monika Griefhan. Ellos expresaron su interés por acompañar solidariamente la lucha por la paz en Colombia y reconocieron en el Festival un proceso de gran aporte a esta lucha. Igualmente la delegación alemana, desarrolló una apretada agenda con organizaciones sociales de derechos humanos, con concejales y funcionarios de la Alcaldía de Medellín. La senadora del Polo Democrático Alternativo Gloria Inés Ramírez, quien asistía informalmente al festival, sostuvo una reunión con los parlamentarios europeos, intercambiando reflexiones sobre la actual situación social y política del país.

A este Festival asistieron numerosos poetas que comprometidos de una u otra forma con las luchas por las libertades políticas y la justicia social en sus países. Es el caso de Patricia Jabbeh Wesley, de Liberia, poeta, escritora, ensayista y profesora universitaria, quien tuvo que salir de su tierra por la cruenta guerra civil desatada por el dictados Charles Taylor. Esta poeta participó muy activamente desde el exilio en el logro de la paz en su país, que desde hace cuatro años, comenzó un proceso de reconstrucción nacional. “Amo a mi país y narro la historia del sufrimiento de mi pueblo. Creo que el mundo debiera detenerse hasta que pongamos fin a las injusticias, la guerra, los genocidios (…) Creo que un poeta es un testigo de lo que sucede en nuestro planeta y su deber es dejar testimonio de ello”, afirmó.

El Festival se convirtió como cada año en un ágora, donde confluyen los testimonios más esperanzadores. El surafricano Breyten Breytenbach, poeta y pintor, luchador incansable contra el Apartheid, quien según Ren Wechler, “era el único preso blanco entre los muchos negros condenados a muerte en la cárcel de Pretoria. Al fin de cada noche, uno de los condenados marchaba al patíbulo. Antes de que el piso se abriera bajo sus pies, el elegido cantaba. Cada amanecer, una canción diferente despertaba a Breyten. Aislado en su celda, él escuchaba la voz del que iba a morir, y también escuchaba a los que escuchaban: Escuchaba el silencio de los demás presos, que esperaban su día en la fila de la horca. Breyten sobrevivió para contarlo y para seguir escuchándolo”.

Este año la participación del público en el Festival aumentó tanto en cantidad como en calidad. Ese sentimiento de compañía, afecto y reconocimiento de los poetas y sus obras expresa una cualificación mayor, una conciencia mayor de la poesía como palabra y acción. El acecho cariñoso de la gente en todo instante, las solicitudes de autógrafos permanentes, la atención reflexiva, la valoración del poema que toca la fibras y la sensibilidad o de aquel que llama estéticamente a la lucha por la vida, el aumento considerable de la adquisición de las Memorias donde se encuentran los poemas traducidos a diferentes lenguas, la sorpresa permanente y el compromiso incondicional y amoroso de los poetas fueron expresiones acentuadas del Festival en 2007.

Todo ello constituye sin duda, un aporte invaluable, a una nueva forma del ver el mundo, a una nueva cultura para la vida y a la lucha por la paz, a través del Acuerdo Humanitario y de una solución política negociada, con las que se comprometió hondamente el pueblo antioqueño.

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