Tolima
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Este año se conmemora el bicentenario de la muerte del general José Antonio Anzoátegui, militar venezolano y latinoamericano que dedicó toda su vida, especialmente su juventud, a la causa noble de la libertad y la independencia del régimen español.


Brilló en sus distintas batallas que libró con sus hombres bajo su mando, muy especialmente en la grandiosa batalla de Boyacá el 7 de agosto de 1.819. Allí, puso a prueba toda su valentía, coraje y estrategia militar para derrotar el enemigo de clase. De esta manera, el general nos enrumbó a la segunda independencia, en esta oportunidad el enemigo a vencer se llama: Estados Unidos.

El pasado 23 de enero, visitamos el cuarto donde murió. Hoy es un pequeño museo levantado en honor al general, considerado por algunos historiadores como el colibertador de América.

Pamplona (Norte de Santander) es un próspero municipio ubicado en la cordillera oriental de los Andes colombianos, con una altitud promedio de 2.200 metros sobre el nivel del mar. Es la zona suroccidental de este departamento.

Fue fundada, el primero de noviembre de 1.549, bajo el liderazgo de los invasores Pedro de Ursúa y el capitán Ortún Velázquez de Velasco, quienes redujeron violentamente a los aborígenes de la región como los Chitareros, Muiscas, Cachegues, Suratáes, Uchamas, Babichas, entre otros, imponiendo con crudeza extrema el régimen expoliador de la encomienda.

Alrededor de cien grupos o capitanejas fueron repartidos en 53 encomiendas por todo el territorio, según cuenta el investigador Jaime Jaramillo Uribe.

El 16 de enero de 1.644, hacia las cinco de la mañana, la ciudad fue devastada por un terremoto, todo quedó convertido en escombros. La ciudad, como el ave fénix, surgió de nuevo y se proyectó, siendo muchos años después víctima de un nuevo movimiento telúrico que tumbó varias casas, entre ellas, la catedral, donde, precisamente, reposaba los restos del general José Antonio Anzoátegui. Toda la osamenta que se hallaba allí, fue a parar a una fosa común. Por eso, hoy no se sabe con exactitud en dónde se encuentra  el esqueleto del general Anzoátegui.

Las calles son angostas, coloniales. Hacia las 4:20 de la tarde (hora en que llegamos), el viento era acogedor. Se encuentran atestadas de gente que van de un sitio para otro. Hay un parque inmenso. La ciudad está ubicada en una hoyada, bañada por el río Pamplonita, quebradas y riachuelos. Según censo de 2.018, cuenta con 58.592 habitantes y el área total es de 1.176 kilómetros cuadrados.

Sin mayor contratiempo nos contactamos con la profesora de matemáticas y metodología de la investigación, la colombo venezolana, Sol de Andes Camacho Rolón, quien amablemente nos recibió, nos permitió entrevistarla y recorrer el museo para conocerlo detenidamente. Sol de Andes llegó a esta población el 18 de junio de 2.016 y con sus propias dificultades lucha para que el museo permanezca abierto.

La entrevista completa es la siguiente: 

-         Colombo venezolana: ¿Qué la anima estar al frente del museo General Anzoátegui?

Primero que todo es parte de mi historia, porque aquí se le rinde tributo al general José Antonio Anzoátegui, venezolano que luchó por la libertad de Colombia.

Según el historiador Lozano y Lozano, es el colibertador de Colombia. Ascendió a general de división en el campo de batalla de Boyacá con todos los honores. Fue el hombre que logró dividir el ejército realista en dos, con sus dos batallones bajo su mando, se atravesó y dejó a un lado el frente y al otro lado la retaguardia impidiendo que la retaguardia le suministrara pertrechos al frente. Por eso, la batalla de Boyacá fue de un éxito rotundo para el ejército patriota.

En la casa que usted está visitando se gestaba los idearios libertarios. Aquí, José Antonio Anzoátegui, vino a reunirse con Simón Bolívar para darle continuidad, una vez culminó la batalla de Boyacá, a la gesta libertadora.

En esta casa, días antes de la muerte del general Anzoátegui, Bolívar le asignó al general la dirección del comando norte, que iba de Colombia a Maracaibo (Venezuela) y de allí, emprendería la gesta libertadora de Cuba, Costa Rica y República Dominicana.

El general José Antonio Anzoátegui, fue un militar venezolano, nació en Barcelona, estado de Anzoátegui, el 14 de noviembre de 1.789 y falleció en esta casa, el 15 de noviembre de 1.819. Este año se cumple 200 años de su muerte.

-         ¿Cómo fue posible la creación de este museo en honor al general Anzoátegui?

Esta casa tiene aproximadamente entre 250 y 300 años de haber sido construida. Era propiedad de la familia Vargas de la Rosa, familia que contribuyó con la gesta libertadora. Aquí, se hacían reuniones con la presencia de grandes patriotas como Bolívar, Santander, Córdoba, Anzoátegui, Antonio José de Sucre, el gran mariscal de Ayacucho; la crema innata de los dirigentes del proceso libertario.

Anzoátegui se reunió con Bolívar y una vez culminada la reunión, Anzoátegui le pide a Bolívar una licencia para ir a ciudad Bolívar (Venezuela), a conocer a su segunda hija. Cuando Bolívar trae a Anzoátegui, su esposa había quedado embarazada y su segunda hija nació el 20 de julio de 1.819. Por eso, solicitó la licencia para conocer a su segunda hija, cosa que no sucedió por lo que pasó aquí en esta fatídica hora.

Una vez Bolívar termina la reunión, el día de los cumpleaños del general Anzoátegui, emprende su viaje a Bogotá y Anzoátegui se prepara para viajar a Venezuela.

La familia Vargas de la Rosa le extiende una invitación a un agasajo por su reciente ascenso a general de división, su cumpleaños, cumplía 30 años de edad y su exitosa actuación en la batalla de Boyacá. Así que esto lo retuvo en esta casa.

El 14 de noviembre, se desarrolló la fiesta con total normalidad. Hay cuatro versiones sobre la muerte del general. La primera versión dice que el general Anzoátegui contrajo la fiebre tifoidea, se enfermó y falleció. Hay tres versiones no oficiales en las que se habla: Primero, que la noche de la fiesta sirvieron báquiro, especie de cerdo salvaje que se criaba en la zona y que estaba contaminado, que el general había contraído una bacteria perdiendo la vida en pocas horas.

La segunda versión, habla que el general tenía una novia de Duitama, como era típico de la época, la joven estaba casada por conveniencia y que la noche del cumpleaños del general, la chica se le escapó a su esposo y había venido a pasar la noche aquí con el general y que en plena actividad sexual, el general falleció.

La tercera versión, que dice que por ser un militar venezolano dirigiendo las tropas neogranadinas (Colombia), alguien se molestó y aprovechó la oportunidad para envenenarlo.

Estas cuatro versiones por sí solas no nos hablan de la realidad de lo que pasó. Pero, si acudimos a las crónicas de O’Leary que fue el cronista del libertador Bolívar, conseguimos pasajes de lo que fueron las últimas horas del general Anzoátegui y que nos permite dilucidar el enigma y definir con cual de las versiones nos quedamos.

En las crónicas de O’Leary aparece lo que funge como acta de defunción del general. Es narrado por el doctor Folie, un militar médico que estaba encargado de estos casos.

Dice que a la una de la mañana, amaneciendo el día 15, el general Anzoátegui se sintió enfermo y se retiró a la segunda sala de este museo a descansar, que debido a la enfermedad que contrajo, llamaron al doctor Folie, quien lo acompañó durante toda su agonía, desde la una de la mañana, hasta la hora que falleció. A las siete de la noche el parte médico era que había perdido todo sus signos vitales y que tenía un alto riesgo de fallecer. Y, efectivamente, el 15 de noviembre a las diez de la noche, el general fallece.

Hasta este momento podemos ir descartando algunas versiones: El parte médico dice que si bien es cierto que presentaba algunos síntomas de la fiebre tifoidea, el período de incubación de la enfermedad y la brevedad de su muerte no se corresponden. Deja la versión oficial muy débil. Podemos ir descartando esta versión de que fue por la contaminación por un báquiro. Si usted y yo vamos a una comida y sirven algo contaminado, por lógica los dos nos vamos a enfermar. La gravedad va a depender del sistema inmunológico de cada uno. Y, efectivamente, allí, el único enfermo, muerto y enterrado fue el general Anzoátegui. A nadie más le pasó nada. Esa versión queda casi descartada.

Si vemos la agonía del general Anzoátegui, podemos decir que la segunda versión, la que dice que murió en plena actividad sexual, se descarta solo con la narrativa de que se enfermó a la una y falleció a las diez de la noche. Esa versión la tienen los pamploneses de un libro de cuentos de Toto Villamizar; el libro se llama: “Los cuentos que toto cuenta”, pienso que era una parte de ficción y una parte histórica, que la gente la tomó como algo verídico.

La tercera versión, es la versión del envenenamiento. Si tomamos algunos datos de las crónicas de O’Leary y conjeturamos por otro lado, nos vamos como quedando con esa versión. Efectivamente, el general murió el 15 de noviembre de 1.819, a las diez de la noche. Fue enterrado el otro día, el día 16, a las ocho de la mañana. Fue como muy rápido, ¿Verdad? Los honores para el colibertador no existieron. Fue una rapidez para el entierro.

Eso, si conjeturamos de que en la época se utilizaba mucho una sustancia que se llamaba: Láudano, que era un veneno que tenía la particularidad que durante las primeras horas del envenenamiento no se presentaba ningún síntoma, pero pasadas las 72 horas el envenenado con Láudano se le ponía la lengua negra. Tal vez por eso fue la rapidez de su entierro. Sin embargo, al general Anzoátegui lo enterraron en lo que antiguamente era la catedral de Pamplona. No la que hay actualmente. Quedaba en toda la esquina del parque en lo que hoy en día es el edificio Rosy. Allí, permanecieron los restos del general Anzoátegui, desde su muerte hasta el año de 1.875, cuando ocurrió el terremoto de Cúcuta. La catedral se vino abajo y se dice que se recogió las osamentas que había allí y se enterraron en una fosa común.

Por eso, hoy en día que podríamos utilizar la tecnología avanzada que hay para saber realmente de qué murió no podemos, porque no se sabe dónde están los restos reales del general.

-         ¿Qué detalles se sabe sobre el último encuentro entre Bolívar y Anzoátegui acá en Pamplona?

Bolívar no vino propiamente a la fiesta. Bolívar vino a reunirse con la tropa y en esa reunión al general le asignaron las responsabilidades de dirigir el comando del norte y seguir con la gesta libertadora, cosa que por lo que sucedió aquí, no se llevó a cabo.

Lo asombroso es que Bolívar no le designó ese deber a ningún otro. Ese proyecto libertario se quedó en la nada. Para los venezolanos el general José Antonio Anzoátegui y el gran mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, son considerados los brazos del Libertador. De hecho, después de la muerte de esos dos hombres, el liderazgo de Bolívar sucumbió porque eran los hombres más fieles y más amigos del general. Coincidencialmente, los dos murieron en Colombia. El general Anzoátegui aquí y el gran mariscal de Ayacucho muerto a puñaladas en Berruecos, también en una emboscada.

-         ¿Quién o quiénes estarían detrás de la muerte del general Anzoátegui?

Es difícil determinarlo. Siempre Bolívar y el general Anzoátegui tuvieron enemigos ocultos. Eran enemigos los realistas, pero seguramente dentro de sus filas había intrigas y muy fuertes. En sus propias filas había enemigos por envidia o por determinada circunstancia siempre le habían hecho la guerra. Y, quitándoles la vida al general Anzoátegui y al gran mariscal de Ayacucho, era la manera más dura estocada a Bolívar.

-         ¿Cómo recibió Simón Bolívar la muerte sorpresiva del general Anzoátegui?

O’Leary hace la reseña y dice que Bolívar se había marchado y cinco días después un emisario lo alcanzó para informarle. La respuesta fue contundente y clara sobre el afecto y admiración que Bolívar le profesaba al general Anzoátegui: “Hubiese preferido perder cinco batallones que mi gran y fiel amigo José Antonio Anzoátegui”. Esa frase lo dice todo.

-         ¿Cómo dimensionar el legado político del general José Antonio Anzoátegui?

Anzoátegui era un hombre de ideas férreas libertarias. Consecuente. Convencido. Era militar venezolano a los 21 años de edad. Su carrera militar solo duró nueve años: Desde 1.810 hasta 1.819, con su muerte aquí en Pamplona. En nueve años llegó a tener la máxima distinción dentro de la fuerza patriota que era general de división, con solo 30 años de edad.

Yo me imagino qué hubiese sido de otros países si ese hombre hubiese seguido por lo menos trabajando por la gesta libertadora unos 15 años más…

-         ¿Qué piensa el pueblo venezolano de la gesta de Bolívar y el General Anzoátegui, entre otros?

Para nosotros los venezolanos son los héroes de la patria y de muchos países. Hoy Venezuela necesita de esos hombres fuertes, fieles, capaces de sacrificar todo por la patria. Hoy, casualmente, 23 de enero de 2019, se está cumpliendo 60 años en que el pueblo venezolano se alzó contra la dictadura de Marco Pérez Jiménez.

El espíritu libertario de Bolívar, de Anzoátegui, de todos los venezolanos insignes, están ahí  y creo que los venezolanos estamos empezando a asumir este rol.

-         ¿Cómo nació la idea para crear este museo en honor del general Anzoátegui?

Esta casa duró en poder de una señora de nombre Carmen Bautista Jaimes, era su propietaria. Ella forraba botones. Esta casa es recordada en este pueblo más por eso. Después, le alquiló la casa al papá del actual presidente de la Cámara de Comercio, Hernando Lozano. Este señor duró con este hotel cinco años y después, la señora Carmen se la vendió a un agente del patrimonio y a su vez, en 1.985, se la vendió a una ONG Cultural, que es la que tiene hoy en día la propiedad de esta casa. Desde 1985, se hizo la restauración de la casa para el museo. En unión de los gobiernos de Colombia y Venezuela de la época, se empezó a rescatar todo lo que tiene que ver con la historia del general.

Aquí, hay una biblioteca, la biblioteca Nueva Granada, se dotó con libros que los gobiernos de la época, Carlos Andrés Pérez, donó lo mismo que todo lo relacionado con el museo del general. La casa comienza a solicitar una nueva restauración.