Bogotá
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Durante las últimas décadas, el Hospital San Juan de Dios, ha sido el eje transversal de la salud pública especialmente para los sectores menos favorecidos de la ciudad y símbolo de resistencia y dignidad de las organizaciones sociales y populares que habitan este territorio, tanto así, que en junio del año 2015, meses antes que la Administración Distrital de turno comprara el Hospital al departamento de Cundinamarca, se realizó, en los predios del San Juan de Dios, la Pre-Cumbre Urbana de los procesos populares y sociales de la sabana.



Cientos de líderes de las veredas, de los barrios y las localidades asistieron, se realizaron jornadas enteras de discusión que tenían como propósito la consolidación de un espacio amplio de carácter popular que permitiera la construcción de una propuesta de modelo de ciudad que cimentará las bases para la justicia social, territorial y ambiental.

De tal manera que el San Juan de Dios se transforma en una reivindicación histórica de los procesos populares y sociales que abogamos por una sociedad igualitaria y clasista donde cualquier ser humano, independiente de sus condiciones socioeconómicas, pueda tener acceso a un médico, a un tratamiento y un hospital en condiciones dignas.

Recordemos que en 2016, la Coordinadora Distrital, un espacio colectivo, claramente en oposición a las políticas privatizadoras de Peñalosa, levantó un pliego de exigencias en el cual, valga la redundancia, se le exigió al alcalde “La apertura del Hospital San Juan de Dios, como un hospital de quinto nivel articulado a la red de hospitales públicos de la ciudad que a la vez desarrolle políticas públicas investigativas en diferentes áreas de la salud de la mano de las universidades públicas que tienen sede en Bogotá”.

Sin embargo, hoy, luego de 4 años, vemos con tristeza que para algunos la política es dinámica, sectores políticos, sindicales y sociales que hicieron parte de ese escenario, que defendieron el hospital, que plasmaron sus ideas y contribuyeron en la construcción del Pliego; a cambio de un plato de lentejas y unos cuantos puestos burocráticos en la Administración, se quedan callados o apoyan a la alcaldesa Claudia López quien continúa con la política de seguir reduciendo la red pública hospitalaria en la ciudad, incluso en tiempos de pandemia se ve el despilfarro de recursos públicos, prueba de ello es el dinero pagado a Corferias en vez de utilizarlos en la ampliación de las Unidades de Cuidados Intensivos, contratación de personal médico, compra de insumos y medicamentos para la renovación de los hospitales públicos de la ciudad.

Claudia, desconoce, no solamente el estudio realizado por la Universidad Nacional frente al Plan Especial de Manejo y Protección, el estudio de vulnerabilidad sísmica de la Universidad de los Andes y la sentencia de la Corte, sino también desconoce sus promesas de campaña.

Cabe preguntarnos si las y los ciudadanos que votaron por la actual alcaldesa, la hubieran apoyado de saber que iba a darle continuidad al proyecto de Peñalosa de demoler la torre central del Hospital y entregarle los recursos a una empresa española.

Ahora bien, también es cierto que, al San Juan de Dios, lo empezaron a feriar desde la época del expresidente César Turbay, abuelo de Miguel Uribe Turbay excandidato a la alcaldía de Bogotá y exsecretario de gobierno de Peñalosa, desde esa época cientos de predios se perdieron, se crearon negocios inmobiliarios para algunas empresas y terminó siendo la caja menor de los políticos de turno de la región.

Y para darle la estocada final, la ley 100 de 1993 hundió en la más profunda crisis al hospital dejando sin atención médica a cientos de personas en condiciones de vulnerabilidad y una deuda sin saldar con el personal médico y administrativo de la época.

Hoy, en medio de la crisis debido a la pandemia, cabe preguntarnos si haber reducido a sus mínimas proporciones el sistema de salud pública y haber privatizado una gran cantidad de hospitales, fue una decisión acertada o debemos replantear ese tipo de políticas neoliberales que apuntan a transformar los derechos de los ciudadanos en negocios para grandes capitales.

Finalmente, como advertimos un par de días antes de comenzar la cuarentena, mientras la gente esté ocupada haciendo frente a la emergencia y buscando como sobrevivir, el gobierno nacional y distrital aprovecharán para hacer un saqueo sistemático del sector público.

Muestra de ello es el recién aprobado Plan Distrital de Desarrollo que creó Agencias en educación, salud y analítica de datos.

Ante ello, no queda otro camino que la presión y movilización social de los sectores populares conscientes de que el futuro de la ciudad está en juego, debemos insistir, persistir, resistir y nunca desistir.

Es momento de decirle, a los que pretenden vender nuestro patrimonio, que no lo vamos a permitir, es momento de levantar nuestra voz y gritarles que, Bogotá se respeta.

Bogotá D.C., 07 de julio de 2020, Comité Distrital de Paro.