Formado de corrientes y drenajes que nacen en el páramo de rabanal, caudaloso y turbulento gracias al durísimo invierno, eso es el rio Teatinos que parte el ondulado territorio sin mucho espacio en sus laderas como para un ejército mediano, y también testigo de la gran epopeya gestada por uno de los más insignes ciudadanos que ha parido Nuestra América, una vez más de las extenuantes travesías por las moles andinas y los valles infernales de nuestra geografía, se produce un encuentro bélico reseñado por la historia.

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