Bolívar
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Una valla metálica de más de dos metros de altura por cien de largo, construida al frente del barrio Ceballos, por donde pasará el Papa Francisco este domingo, provocó una enérgica reacción de protesta de la comunidad, que se considera víctima de una especie de "apartheid" no declarado.



Ceballos es un barrio originado en las luchas ancestrales del pueblo cartagenero por la vivienda, está asentado sobre terrenos pantanosos en la margen sur de lo que hoy es parte del corredor de carga, en la entrada a la zona industrial de Mamonal, y después de muchos años sus propios habitantes han rellenado lotes y calles para alejar la humedad.

Por el frente de Ceballos debe pasar el Papa Francisco, hoy domingo en su ruta a Cotecmar, el muelle donde será la principal concentración comunitaria con el pontífice, pero en la noche del jueves y la madrugada del viernes, en pocas horas, se armó la valla por la que ni la alcaldía quiere responder.

Marta Angulo Zapata, dirigente comunal de Ceballos, tomó fotografías de la valla y con otros habitantes del barrio se movilizaron a protestar porque estiman que están frente a un acto discriminatorio que contradice el propio mensaje pastoral, conciliador y piadoso del Papa Francisco.

"No quieren que el Papa mire los tugurios de nuestro barrio", expresó una señora, con cierto pesar.

El alcalde Londoño dijo que él no autorizó la valla de Ceballos, la comunidad dio muestras de indignación y algunos pobladores intentaron arrancar las láminas. Pero lo peor es que en vista de la incomodidad y las quejas porque la valla no dejaría ver al pontífice, le agregaron unas mallas que cierran el paso y que de todas maneras acentúa el sentido discriminatorio de la medida.

Al amanecer del viernes muchos habitantes de Ceballos tuvieron que tomar rutas improvisadas para salir a sus actividades diarias.

En vista de la airada denuncia de los moradores de Ceballos el alcalde encargado Sergio Londoño, tuvo que ponerse al frente del desmonte apresurado de la valla metálica con la que se pretendía ocultar la vista de uno de los tantos barrios marginados de la Segunda ciudad en pobreza de Colombia. El colmo es que el alcalde Londoño dijo no saber quién ordenó la ignominiosa valla.