Bolívar
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El estancamiento social de la ciudad más atractiva y admirada de Colombia, por muchos méritos históricos y arquitectónicos, vuelve a despertar un juicio de responsabilidades sobre la clase dirigente corrupta, enquistada en la administración distrital y en organismos del modelo neoliberal impuesto a nuestro país.



Un observatorio urbano, llamado "Cartagena Cómo Vamos" público conclusiones desalentadoras, sobre la calidad de la vida de una comunidad acorralada entre el desempleo, la exclusión social y el asalto impune de los enormes recursos originados de sus ingresos y de su condición de Distrito Turístico y Cultural.

La interinidad administrativa, los 10 alcaldes en 7 años y un Concejo Distrital que tiene a más de la mitad de sus integrantes bajo investigación judicial, buscando la manera de librarse de la cárcel, o el vencimiento de términos, como se le llama ahora a la impunidad, muestran un deterioro alarmante.

45.6% de la población urbana de Cartagena vive bajo riesgo permanente de un desastre hidrológico, sobre terrenos deleznables, aledaños a cuerpos de agua infectados y amenazantes de la salud.

Un proyecto de manejo de torrentes pluviales, que Cartagena pide con urgencia, es un palo al garete, en una administración desempeñada por alcaldes improvisados, que son cuotas de políticos ex-presidiarios en la sombra de sus apartamentos custodiados por verdaderos sicarios venidos del paramilitarismo.

Agrega CCV que de cada cien personas en edad de trabajar, en Cartagena, 46 están inactivas. Se aprecia, sin dificultad, el acoso del rebusque, la reventa y la economía "informal" según el término acuñado por los medios de la burguesía dominante, dueña de periódicos y de canales regionales de radio y televisión.

Episodios recientes de proxenetismo y prostitución infantil, incluida en una oferta turística de Cartagena nocturna, hablan por sí solos de la doble moral del capitalismo alienante manejado por empresarios sin escrúpulos.
No existen programas de vivienda social y en 2017 no se construyó una sola casa gratuita para familias de estratos bajos, en contraste con la especulación inmobiliaria y de finca raíz en sectores privilegiados de la Cartagena turística, donde la actividad constructora es frenética.

Un hecho positivo es la reducción de la mortalidad infantil por infecciones del aparato respiratorio, aunque la Empresa de Protección Ambiental EPA, fue renuente a ampliar información a los investigadores de CCV, que pudieran dar más luces sobre tan delicado renglón de la vida comunitaria.

Como si no bastara con el atraso social de Cartagena, la investigación revela un cuadro de violencia urbana con 108 muertes por homicidios en 2017, una caída en la tasa de matrículas para educación básica, una reducción igual en educación media técnica y una deplorable ausencia de Cartagena en las pruebas saber dónde ningún colegio público logró Cartagena va mal, y no es consecuencia de ninguna premonición bíblica por sus pecados, sino por la incapacidad, la inmoralidad administrativa y la irrupción de un cacicazgo político fundamentado en la compra de votos, el constreñimiento del elector y el fraude dentro de las oficinas de la Registraduría.