Tolima
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El fallo de la Corte Constitucional en relación con el proceso de paz cae como un baldado de agua fría, alimentando, coincidencial o accidentalmente, a los enemigos de la paz que buscan por todos los medios dinamitar esta gran oportunidad y sumergir al país nuevamente en el caos y en la zozobra.



El narcoparamilitar ex presidente Álvaro Uribe Vélez y sus cuarenta ladrones se solazan al saber la decisión de la Corte Constitucional y se lamentan que los efectos de la medida no sean retrospectivo.

Los medios de comunicación, sin moral y ética profesional, se prestan como caja de resonancia para que el narcotraficante número 82, imponga su verdad por la fuerza, mientras que a los partidarios de la paz los espacios son marginales y fugaces. ¡Qué bien manipulan estos medios a la opinión pública!

El comandante Timoleón Jiménez al parecer ha dado la orden de asambleas permanentes en las distintas zonas veredales de transición y normalización, lo cual se podría interpretar como alerta máxima por las consecuencias que podría tener una decisión de esta naturaleza.

Por su parte, el comandante Iván Márquez llamó al presidente de la república a asumir una postura clara y hacer cumplir las facultades que le brinda la constitución nacional.

Pero, realmente quien debería ponerse al frente con decisión y sin ambigüedades es el pueblo. Debe movilizarse para cerrarle el paso a los agoreros de la guerra y exigir que el proceso se siga desarrollando con la plena voluntad política que le viene imprimiendo el movimiento de guerrillero. No hay hecho real, ni declaración, en la que la guerrilla no demuestre su decisión inquebrantable de cumplir cabalmente.

Colocar en duda la voluntad política del gran ejército del pueblo forjado por los comandantes Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas, es como dudar de la existencia del día y de la noche.

Los estragos devastadores de la guerra resultan una experiencia dramática que ha vivido Colombia por algo más de 53 años, luego, colocar fin a esos efectos horripilantes debe estar por encima de interpretaciones metafísicas y quizás politiqueras. El gran interrogante hace metástasis en el pueblo campesino e indígena que sí ha sufrido directamente los rigores de la violencia. ¿Fue en derecho el fallo de la Corte Constitucional?

Ojalá, sea así, para decir que este es un país de leguleyos, “leguleyadas” casi siempre puestas al servicio de la clase dominante. En honor a la vedad, hay que decir que las leyes en Colombia, se conciben siempre en defensa de la clase dominante, es decir, la burguesía.

Sea por lo uno o por lo otro, esta decisión constituye un mazazo al proceso de paz. No hay duda. Por eso, el pueblo debe asumir una postura crítica y movilizarse. No podemos cruzarnos de brazos, lamentarnos y quedarnos quietos. Hay que actuar con decisión y coraje, por cuanto la paz será una conquista colectiva. Hay que organizar mítines en todo el país.