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Tolima
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El paramilitarismo es política de Estado impuesta por Estados Unidos, teniendo en el general William Pelham Yarborough, uno de sus principales inspiradores y creadores.



Este militar estadounidense, nació el 12 de mayo de 1912 y murió el 6 de diciembre de 2005. Se graduó como teniente de la academia militar de West Point en 1936, formando parte de los cuerpos de paracaidistas desplegados en Filipinas.

Durante la segunda guerra mundial ya con el rango de mayor, dirigió unidades aerotransportadas en el despliegue estadounidense sobre Argelia, Francia e Italia, destacándose en el terreno, siendo finalmente ascendido a teniente coronel.

Terminada la segunda la guerra mundial, participó activamente del diseño de la estrategia americana en Europa, siendo asesor de lo que posteriormente sería la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Similares labores cumplió en Camboya, donde empezó a familiarizarse con temas relacionados con la contrainsurgencia.  

Durante 1958 y 1960, es nombrado jefe del batallón de contrainsurgencia de Estados Unidos en Stuttgart, Alemania Federal.  Un año después, ya como general de brigada, es nombrado comandante de la recién creada escuela de guerra especial de Fort Bragg, desde donde orientó en los años más duros de la guerra fría.

Era un verdadero peso pesado del Pentágono. Su imperial y criminal visión era que las fuerzas especiales debían penetrar territorio enemigo, operar como “guerrillas” móviles y crear grupos anticomunistas armados dentro de la población (paramilitarismo).

Así funcionaron en Vietnam, donde la criminal fuerza Mike entrenó paramilitares conformados por minorías étnicas que se oponían a los comunistas, para luego utilizarlos en operaciones conjuntas de fuerzas regulares e irregulares (binomio militar-paramilitar).

Este siniestro personaje visita a Colombia en febrero de 1962. Preside equipo especial de la guerra de Estados Unidos Fort Bragg de alto nivel. Oficiaba para la época de comandante del centro de guerra especial.

En un suplemento ultra secreto de su informe al Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, instó a crear una fuerza irregular para que actuara inmediatamente con el propósito de eliminar comunistas, porque consideraba que los comunistas representaban una latente amenaza en el futuro.

Igualmente, recomendó registro civil intensivo y meticuloso de todos y todas, lo mismo que las huellas dactilares y fotografías de cada persona. También aconsejó técnicas de interrogatorio a los campesinos y la utilización de sedantes como el Pentotal sódico. Este medicamento también se le conoce como “el suero de la verdad”. Es decir, dopar a las personas para obtener información. Además, la tortura física y psicológica.

En su análisis, María Aureliana Buendía, transcribe un acápite de este suplemento. Dice:

“Debe crearse ya mismo un equipo en dicho país, para seleccionar personal civil y militar con miras a enfrentamiento clandestino en operaciones de represión, por si se necesitaren después. Esto debe hacerse con miras a desarrollar una estructura cívico militar que se explote en la eventualidad de que el sistema de seguridad interna de Colombia se deteriore más”.

“Esta estructura se usará para presionar los cambios que sabemos, que se van a necesitar para poner en acción funciones de contra-agentes y contra-propaganda y, en la medida en que sea necesario, impulsar sabotajes y/o actividades terroristas paramilitares contra los conocidos partidarios del comunismo. Los Estados Unidos deben apoyar esto”.[i]

Estas macabras recomendaciones fueron implementadas en toda América, las cuales se encuentran desarrolladas en los documentos Santafé I, II, III, IV y V. También resulta importante anotar que estas recomendaciones se hacen en momentos en que Colombia no contaba todavía con guerrilla.

Cómo se implementa el paramilitarismo en Colombia

El 9 de abril de 1969, se aprobó el reglamento de combate de contraguerrillas, elaborado por el comando del ejército nacional, donde se puede leer: “Organizar en forma militar a la población civil, para que se proteja contra la acción de las guerrillas y apoye la ejecución de operaciones de combate…”

En 1979, el ejército nacional publica el libro intitulado: “Instrucciones Generales para Operaciones de Contraguerrillas”. En un pasaje, dice: “Organización de grupos de autodefensa a nivel caserío y veredas con el fin de que los habitantes del área contribuyan en forma activa en la lucha…”

El 20 de julio de 1980, cinco integrantes del batallón de Inteligencia y Contrainteligencia “Charry Solano” del ejército nacional, denunciaron la constitución del grupo terrorista paramilitar llamado: “Triple A”, por parte de sus jefes.

Denunciaron que todos ellos son funcionarios al servicio de la inteligencia militar, desde hace varios años…son convocados por los superiores a hacer cosas ilícitas como el secuestro, la tortura, terrorismo, hasta el asesinato para defender dizque al Estado.

En 1987, en el reglamento de combate de contraguerrilla, se define la guerra de la contrainsurgencia, en los siguientes términos: “La guerra de contrainsurgencia, llamada también contra-revolucionaria o antisubversiva, es aquella que lleva a cabo el gobierno apoyado por una gran porción de la población civil de un país, empleando acciones de tipo político, económico, psicológico, sociológico, militar y paramilitar contra las fuerzas insurgentes para prevenir o eliminar el proceso revolucionario y garantizar que no vuelva a presentarse…”

Es diciente el testimonio del teniente del ejército nacional, capturado el primero de noviembre de 1989. Se trata de Luis Antonio Meneses Báez.  Señala directamente a los comandantes de la brigada XIV y del batallón Bárbula, de haberlo vinculado a la estructura paramilitar. Señaló: “Las autodefensas campesinas… (Paramilitares), son una política del gobierno para la lucha antisubversiva”. Agregó: “Hasta comienzos de 1989, los contactos se hacían con el Estado Mayor del Ejército y actualmente se utilizan intermediarios…”.

Ahora sí se entiende con más claridad las denuncias formuladas por los comunistas y el mismo Gustavo Petro Urrego. Éste último cuando afirma que las águilas negras no existen, no tienen estructura, son apéndices del militarismo. Por eso, se dan el lujo de amenazar y asesinar, casi que simultáneamente en distintas regiones del país.

Se demuestra – igualmente – que el paramilitarismo no surge en las alcantarillas, sino en las brigadas, batallones y altas oficinas del Estado y gremios económicos. Por eso, concluye María Aureliana Buendía, diciendo: “El paramilitarismo es una política de Estado que tiene desde su origen una misión que no ha cambiado: La eliminación de todo pensamiento o posición ideológica, instaurar el terror para que nadie proteste, que las ganancias del capital estén garantizadas”.