Tolima
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A las 7:00 de la mañana del día 28 de julio de 2020, terminamos de leer la novena obra de literatura, desde que comenzó la pandemia del Coronavirus. Dicha obra se llama: “El nombre de la rosa”, del escritor y filósofo italiano, Umberto Eco.



Esta obra hacía rato la teníamos en nuestra pequeña biblioteca y en múltiples veces le habíamos hecho el quite por su extensión, pues son 480 páginas con letra bastante menuda. Además, el tema no encajaba en el tipo de literatura que solemos seleccionar para leer.

Sin embargo, en un momento de inspiración y disposición, tomamos la decisión de “devorar” su contenido. Es impresionante la capacidad narrativa de Umberto Eco. Eso nos impresionó y despertó el interés por leerla de cabo a rabo como dice Gabo.

El mundo mágico de la literatura nos libera y nos hace vibrar. Anima la conciencia y nos acerca a la humanidad. Nos hace más persona, más dada a vivir y convivir en sociedad. Mediante ella, llegamos a todas partes sin ningún contratiempo.

Esta novela tiene dos características importantes: Es histórica y misteriosa. Ambientada en el cenagoso e incierto mundo religioso del siglo XIV. En síntesis, la novela cuenta la tremenda investigación que realizaron, Fray Guillermo  de Baskerville y el novicio Adso de Melk, en una Abadía (Monasterio) del norte de Italia, donde se venía presentando una serie de asesinatos.

La obra fue publicada en 1980. Las acciones  se desarrollan en la edad media, durante el invierno de 1327, en el papado de Juan XXII. Los dos investigadores llegan al monasterio benedictino ubicado en la Italia septentrional, monasterio famoso por la impresionante biblioteca, la cual tiene normas estrictas para su acceso.

Guillermo tiene que organizar una reunión entre los delegados del Papa y los representantes de la orden franciscana, con el fin de discutir la supuesta herejía de la doctrina de la pobreza apostólica de Jesús, promovida por un sector de la orden franciscana, los llamados: Espirituales. La celebración estuvo empañada por una serie de asesinatos que los monjes supersticiosos creen seguir las pautas de un acápite del apocalipsis, instigado por el ex bibliotecario Jorge de Burgos.  

Descubren después de una acuciosa investigación que las muertes giran alrededor de la existencia de un libro envenenado, un libro que se creía perdido: El segundo libro de la Poética de Aristóteles. El enviado del Papa y gran inquisidor, Bernardo Gui, es de amargo recuerdo para Guillermo, pues asume un proceso inquisidor de vastas proporciones. Guillermo ha logrado entrar a la biblioteca y recorrer sus túneles y laberintos con amplitud. El método científico utilizado, se ve enfrentado al fanatismo religioso representado en Jorge de Burgos, quien finalmente origina el incendio y la destrucción total de la abadía.

Es una obra espectacular. La imaginación del autor resulta ilimitada. Hay unas frases sueltas que nos llamaron poderosamente la atención. Por ejemplo: “Es imposible cambiar al pueblo de Dios sin reincorporar a los marginados”. Página 192; “La belleza del cuerpo solo existe en la piel”. Página 314; “Todo era de todos”. Página 325; “El bien de un libro consiste en ser leído”. Página 375.

Al terminar esta maravillosa aventura, hicimos solo una pausa corta para asumir otra. Se trata de la lectura del décimo libro, éste intitulado: “La aventura de Miguel Littín clandestino en Chile”, del laureado escritor colombiano Gabriel García Márquez. Esta obra ya la habíamos leído, pero queremos releerla con más calma y precisión. “Leer es mi cuento”.