Tolima
Tipografía

El imperialismo estadounidense tiene concepción “moderna” de la guerra. La vieja dinámica que enfrentaba dos ejércitos en un campo de batalla, saliendo un vencedor y un vencido, ha pasado a la historia. Hoy el campo de batalla es el país, el planeta. No hay una delimitación geográfica, ni los ejércitos que se enfrentan tienen distintivos que los diferencian del pueblo, conocido como la “sociedad civil”.



Esta nueva dinámica guerrerista llamada por el Pentágono, “guerra de cuarta generación”, involucra a la sociedad civil a las buenas o a las malas. Involuntariamente el individuo sin saberlo termina en un bando asumiendo una posición belicosa, sin tener claro por qué lo hace.

El puntal fundamental de esta “nueva” concepción son los medios masivos de comunicación. Su misión es alienar y colocar al pueblo al lado de la clase dominante. Parece increíble, pero la realidad es esa, el pueblo pobre habla como rico y defiende los intereses de esa clase dominante. Esa postura tiene una explicación científica.

Almorzando con mi sobrina, a la hora del noticiero de la televisión, salió una noticia del comandante Hugo Chávez, al ver su imagen, instintivamente dijo mi sobrina: “¡Odio ese señor!”. “¿Por qué lo odia?”, le dije mirándola con calma. Es más: Le agregué un par de preguntas adicionales: “¿Usted ha hablado con ese señor?” “¿Usted ha ido a Venezuela a saber qué diablos está haciendo en este país?”.

Me miró asombrada. Pensé que sus ojos color miel se le iban a salir de sus cuencas coquetamente maquilladas. “¿No sabe tío?”, me dijo. “Ese man es un dictador y está acabando con el pobre pueblo venezolano”. “¿Quién le dijo eso, sobrina?” “Pues los noticieros de televisión, la prensa, todo el mundo”. “¿Por ventura sabe usted quiénes son los dueños esos medios?” “Ni idea, tío”, me dijo. “Esos medios son propiedad  de los ricos, por ahí pasan su versión. Si esos medios fueran propiedad de los pobres, la versión sería totalmente diferente. Cada quien defiende sus intereses de clase, ¿Me entiende capullito?”. No me contestó. Cambió de tema casi que automáticamente. ¿La convencí? Posiblemente no. Simplemente evitó discusiones a la hora del almuerzo, en familia y en un sitio público.

¿Cómo es la estrategia mediática?

El fundamento del capitalismo es la violencia, es su modus vivendi. ¿Cuál es el objetivo de la guerra? La guerra busca aniquilar al contrincante, dominarlo y apropiarse de sus pertenencias. Toda guerra es como una partida de ajedrez, es decir, hay tácticas, técnicas y estrategias. Nadie va a la guerra a la topa tolondra, como dirían las abuelas.

Todo ejército está integrado por seres humanos y cada ser humano está conformado por dos partes: Una material y la otra inmaterial. Es decir, una parte física y la otra espiritual, psíquica. La guerra mediática ataca esta última parte. “Las guerras mediáticas implican un ataque individual y social tan poderoso o más que una guerra nuclear”, señala Blanca Montoya.[i]

En las guerras militares se trata de acabar físicamente con el contrincante con armas y bombas, en la guerra mediática la meta es acabarlo psicológicamente, mediante la palabra y la imagen, señala Blanca Montoya.

¿Cómo se desarrolla la guerra mediática?

La guerra mediática se desarrolla a partir del sistema nervioso. Blanca Montoya, dice: “El sistema nervioso de los seres humanos es un conjunto de órganos y estructuras formadas por un tejido de neuronas interconectadas. Su función principal es captar y procesar un conjunto de señales externas e internas de nuestro cuerpo para lograr una interacción eficaz  que procure nuestra supervivencia”.[ii]

Este sistema nervioso tiene dos partes fundamentales: El encéfalo y la médula espinal. El primero está en el cráneo, tiene como “funciones básicas de supervivencia, así como de los impulsos y las emociones como el amor, el odio, el miedo, la ira, la alegría y la tristeza”. Agrega: “Éstos se reprimen o elaboran mediante la corteza cerebral, la parte racional y más reciente en nuestra línea evolutiva que se encarga del análisis, la lógica y la conciencia de las situaciones que vivimos o imaginamos. La racionalidad aparece sólo hace unos miles de años y se desarrolla mediante el ejercicio de la capacidad de pensar, lo que permite ordenar nuestros sentimientos o emociones de acuerdo con la realidad del entorno”.

Ahora, considerando la teoría estructural del aparato psíquico concebido por el científico Sigmund Freud, éste se divide en tres partes: El ello, es la parte más primitiva que representa los impulsos: Sexual y agresivos, sensaciones que devienen en emociones y sentimientos; el yo, que se desarrolla a partir del contacto con la realidad, cumple con los deseos del ello de acuerdo con ésta, se encarga del pensamiento, la conciencia y la conducta racional; y el superyó, que surge posteriormente y contiene la conciencia moral, la ética y los valores sociales que conforman el ideal del yo, explica Blanca Montoya.

Montoya, explica: “En la guerra mediática se estimula al ello para que los sentimientos de miedo, rabia y odio se exacerben de tal forma que el yo no pueda elaborarlos, se neurotice o bien se torne psicótico. Esto permite que la racionalidad disminuya y se pueda manipular la voluntad, las decisiones, la conducta y la visión del mundo de las personas de forma que convenga a los intereses de las transnacionales, que son, obviamente, dueñas de los medios masivos de comunicación. En ese orden el miedo, la rabia y el odio son dirigidos  hacia las ideas, los movimientos  y/o los dirigentes que amenacen  su hegemonía, es decir, a la izquierda”. 

Así, pues, los mensajes siguen las teorías comunicacionales de Bernays, Goebbels y Gene Sharp, etc. La izquierda es asociada a todo lo malo y todo lo cursi, mientras la derecha es asociada con lo positivo, lo moderno, lo ideal.

Blanca Montoya, subraya: “Paralelamente a la siembra del odio a la izquierda en el ello, los medios atacan al yo. Evitan el desarrollo del pensamiento racional restringiendo su ejercicio: Se invierte poco en salud, base fundamental de la fortaleza física del yo; se reducen los presupuestos para la educación y la cultura”. Destaca: “Se transmiten comunicaciones frívolas de tal forma que la población tenga las menos oportunidades posibles de pensar o de cuestionar. En cuanto al superyó, la publicidad a la violencia, la muerte y el culto a las drogas se expresa en miles y miles de programas de televisión, cine, videojuegos y redes sociales. De manera que los valores que guían al  del  yo se pervierten y se conceptualiza justamente en contra de la sociedad: Los héroes son, subliminalmente, narcotraficantes, asesinos y ladrones”.

La publicidad y/o la sociedad de consumo no son entonces juegos inocentes de niños producidos accidental o casualmente. Tampoco el hecho que los medios  masivos estén en manos de los consorcios nacionales e internacionales. Su misión es otra: Alienar, homogenizar y dimensionar la ideología de la clase dominante.

En esas condiciones, la izquierda debe mirar con seriedad el fenómeno mediático y asumir una postura consecuente. No es algo accesorio, es estratégico. Debe tener una política comunicacional cuantitativa y cualitativa capaz de desalienar y transformar la realidad al servicio del pueblo. Hace rato el periodista y escritor Alfredo Molano propuso “hacer la vaca” para conseguir un medio nacional, creo que una emisora. Nadie la ha parado bolas. Durante el XXI Congreso del Partido Comunista Colombiano propusimos una conferencia nacional para estudiar este tema y tomar acciones concretas. Ésta sigue pendiente.  

[i] Este artículo es publicado en la página web: www.rebelion.org el 15 de junio de 2017. El artículo de Blanca Montoya titula: “Estrategias de la guerra mediática (Parte 1).

[ii] Ibíd.