Tolima
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Desde los albores del capitalismo, la democracia ha sido presentada como la mejor forma de conducir a la sociedad. En ello coinciden, incluso, burgueses y proletarios, aunque cada clase con su propia visión sobre tan importante aspecto.



Para la burguesía, la democracia es un principio acomodaticio que solo tiene vigencia en los estrechos conciliábulos desde los que traza las orientaciones con que ha de manejarse el Estado. Más allá, solo es un festín periódicamente concedido a la plebe para que escoja en elecciones a los empleados estatales de más alta alcurnia que estén dispuestos a trabajar con esos lineamientos.

Para el proletariado consciente, la democracia va más allá. Ella implica elegir a sus propios representantes para decidir con ellos sobre aspectos relacionados con el buen vivir, la soberanía nacional, el modelo económico, los derechos sociales, el suelo, el subsuelo, etcétera.

Dada esa concepción polarizada de la democracia, su concreción es una búsqueda permanente de parte del proletariado, mientras que para la burguesía es una entelequia de la que puede prescindir cada que sea necesario, lo cual suele ocurrir cuando ve en riesgo el poder que con ella legitima.

Lo que ocurre en Venezuela es muy diciente. Como los intereses que Maduro defiende no coinciden con los de la burguesía, aunque haya sido elegido democráticamente, es un dictador al hay que derrocar.

En Brasil, la presidenta Rousseff, también elegida democráticamente, fue defenestrada por razones parecidas. Y como la política extremadamente antipopular de su reemplazo presagiaba un rotundo fracaso electoral a las toldas oligárquicas en el 2018, se condenó penalmente al competitivo expresidente Lula para cerrarle la posibilidad de participar en tales comicios. Por supuesto que este fallo fue también un fallo contra la fementida democracia burguesa, pues lleva implícito el mensaje de que en Brasil no volverá a moverse la hoja de un árbol sin su consentimiento.

Y eso que estamos hablando solo del poder político. Imaginemos lo que haría esa casta si viera en riesgo su poder económico… si tuviera que enfrentarse a un gobierno que no se limitara a poner el presupuesto de la nación al servicio de las mayorías, sino que, además, tomara decisiones de expropiación, de nacionalización, en fin, de alteración radical del statu quo, que son las medidas de esperar de un gobierno socialista…

Pues que a tal gobierno lo calificaría de dictadura, y para derrumbarlo utilizaría la tergiversación mediática, la guerra económica, la movilización de pandillas callejeras, el paramilitarismo mercenario, la invasión extranjera y demás medios de los cuales la derecha venezolana ha dado buenos ejemplos. Esas son algunas de las diferencias existentes entre la democracia burguesa y la democracia proletaria.