Tolima
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El modelo neoliberal ha traído consigo innumerables consecuencias de signo favorable para sus impulsores, los dueños del gran capital, pero desfavorables para el grueso de la población. En la práctica, la sociedad ha sido sometida a un odioso juego, en el que siempre ganan las multinacionales y sus socios nacionales, al tiempo que pierde el pueblo, y en mayor proporción.



El estado emocional que la situación anterior genera a los perdedores, agravado por la exaltación del éxito como máximo objetivo a alcanzar, ha creado una especie de sálvese quien pueda, una inhumana despreocupación por la suerte de los demás. Preocúpate por ti, que los demás se preocuparán por lo suyo. Ese es el lema que se nos ha impuesto.

Durante los últimos 30 días, diversas inclemencias naturales han dejado miles de muertos y millones de damnificados en diferentes partes del mundo: el huracán Irma a su paso por el Caribe, el Harvey en Texas, el terremoto que sacudió las entrañas de México, los inviernos torrenciales de India, Bangladesh, Nepal y Sierra Leona.

Estas tragedias son solo ejemplos ante los cuales debemos preguntarnos: ¿Cómo hemos respondido? ¿Se nos han movido las fibras íntimas? ¿Hemos sentido la necesidad real de brindar algún apoyo solidario? Lo más probable es que solo tengamos respuestas negativas a los anteriores interrogantes, un poco de vergüenza ante ellas y muy pocas explicaciones que las justifiquen.

Muchos dirán que esa falta de solidaridad obedeció a su poco despliegue informativo, dado que muchas de tales tragedias coincidieron con la llegada del papa Francisco, y pueden tener razón, sobre todo por el exagerado bombo que recibió la visita.

Y cuando decimos bombo no queremos decir que la visita no hubiera sido importante. Al contrario. Lo fue. Sobre todo por el llamado que hizo el sumo Pontífice al amor, a la paz, al perdón, a la reconciliación y a la esperanza, lo cual implica asumir un compromiso real con los pobres, superar la terrible desigualdad social, ponerle coto al corrupto manejo de la hacienda pública, recuperar los originales compromisos para la paz, garantizarles a las víctimas del conflicto su reparación y a la sociedad la certeza de que no necesitará volver a las armas en procura de sus derechos.

Haber logrado que esos aspectos volvieran a tomar fuerza dentro de nuestras reflexiones amerita un sentido agradecimiento a su Santidad. Pero, al igual que las tragedias mencionadas anteriormente, pueden caer bajo el imperio del preocúpate por ti, que los demás se preocuparán por lo suyo. De allí que sea tan importante que recuperemos el libre albedrío como antídoto a la despreocupación alienante que nos quieren imponer los dueños del capital.