Tolima
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Bastantes son las razones que llevan a muchos colombianos a repudiar la actividad política y, en particular, la participación electoral, pero casi todas se fundan en los repetidos escándalos de que es víctima el erario público, como los de Reficar y Odebrecht, y la desviación de los recursos sociales hacia el pago de la deuda externa y el mantenimiento del aparato de guerra.



Aunque bien es cierto que tan criminales conductas se calculan en decenas de billones de pesos por año, y que por cuantiosas merecen el más amplio rechazo, quienes se mueven en torno a esos inmundos propósitos  no son políticos, sino simples politicastros, que viven de hacer del erario público su patrimonio personal.

Los verdaderos políticos son los que, interpretando los más profundos intereses de las clases sociales que representan, procuran llegar a los puestos de mando para imponer las orientaciones que deben dársele al Estado para que esos intereses prevalezcan.

Pero llegar a los puestos de mando no significa que sean estos verdaderos políticos los que entren a desempeñarlos. Para eso cuentan con todo un equipo de funcionarios que cumplen la tarea correspondiente, bien desde el Gobierno, bien desde el Congreso, o bien desde otras ramas del poder público o privado.

Los ciudadanos no se dan cuenta de ello y terminan votando invariablemente por los mismos de siempre, aunque pueden ser con otros rostros, para que sigan haciendo, consciente o inconscientemente, lo que  los verdaderos hacedores de la política nacional, es decir, los verdaderos dueños del país, quieren que estos empleados hagan.

Lo grave es que esos eventos electorales son grandes oportunidades desperdiciadas por nuestros compatriotas, pues en vez de aprovecharlos para ventilar sus propios intereses y elegir a sus verdaderos líderes para que los defiendan, se dejan llevar por los grandes medios, cuando no por algunos cuantos pesos, o por simples tamales, tejas de zinc o promesas de empleo.

Es necesario ponerle fin a esa irracional actitud, sobre todo en esta campaña que ha sido pródiga en ofertas electorales de raigambre popular, como son las que encarnan personas probadas en la defensa de los más débiles, entre las cuales se destacan la líder magisterial Lucy Astrid Arciniegas, candidata a la Cámara en la lista DECENTES, número 105, y Aída Avella, presidente de la UP y candidata al Senado, también en la lista DECENTES, con el número 5.

Estas dirigentes vienen agitando un conjunto de propuestas entre las que sobresalen la defensa del medio ambiente, la creación de empleo digno, defensa y mejoramiento del régimen pensional, defensa de los acuerdos de paz, especialmente en aspectos relacionados con el régimen de tierras y ataque a la  corrupción, el hambre, la desnutrición, y las carencias de salud, educación y techo.

Con Lucy Astrid Arciniegas y Aída Avella en el Congreso ganaremos todos. Ojala lo comprendamos así para que podamos comenzar a evidenciar que sí es posible tener un pueblo de verdad feliz.