Tolima
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Tamaña personalidad libertaria que encarnaba el general José Antonio Anzoátegui, era hija de un encumbrado español, que habitaba la población de Barcelona. Son los contrastes que da la vida revolucionaria de los pueblos.



Contaba un hermano del comandante Fidel Castro Ruz, que su padre se había preocupado porque su hijo Fidel estudiara derecho para que protegiera sus enormes extensiones de tierra que eran de su propiedad. Al triunfo de la primera revolución socialista en el hemisferio occidental, estas tierras fueron las primeras en ser confiscadas y entregadas al pueblo por orden expresa del comandante Fidel.

Su padre era burgués y español

La vida depara sorpresas y paradojas a granel. Don José Anzoátegui – así se llamaba su padre – era un oligarca y distinguido caballero español que ocupaba la más alta posición en Barcelona. Procedía de las provincias Vascongadas, donde la reputación de su apellido y el rango de su casa eran de pública notoriedad.

En Nueva Barcelona contrajo nupcias con doña Juana Petronila Hernández, mujer que hacía parte de una familia destacada en esta población de acuerdo a los títulos nobiliarios de la colonia, como en los anales de la República.

Anzoátegui: “Lugar de espinos”

El genealogista español, don José Antonio  de Sangróniz, marqués de Desio, afirmaba que el apellido Anzoátegui, significa en lengua vascuence: “Lugar de espinos”. Agrega Fabio Lozano y Lozano: “Es un linaje de origen guipuzcoano que después se extiende a Vizcaya, donde adquiere más importancia y brillo”.[i]

Sus hermanos lucharon por la libertad

Don Agustín de Anzoátegui, hizo parte de la compañía Guipuzcoana en Caracas, un pariente suyo, don José Antonio de Anzoátegui se habría de establecer en Barcelona, siendo a la postre el padre del general José Antonio Anzoátegui, el gran héroe de la independencia americana, al lado de un puñado de valientes soñadores antiimperialistas, liderado por el libertador Simón Bolívar.  

El cronista de Barcelona, don Miguel J. Romero, en el memorándum para escribir la biografía del general, señala: “Anzoátegui fue hijo de un español y de una barcelonesa connotada y perteneciente a una de las familias llamadas entonces mantuanas”.[ii]

Doña Juana Petronila Hernández también abrazó el propósito libertario que había enarbolado su hijo durante su corta existencia. Esa postura, ya viuda la pagó muy caro, lo mismo que los demás hijos. Sufrió duras y severas persecuciones, lo mismo que el destierro.

En la isla de Margarita vivió duras penalidades, totalmente abandonada e ignorada.

Este matrimonio Anzoátegui – Hernández tuvo seis hijos: Pedro María, Joaquín, José Antonio, Agustín, Juan José y Juana Dolores. Los dos primeros murieron ya siendo hombres, el 15 y 18 de agosto de 1802, respectivamente.

Agustín fue oficial de milicias en 1810. Con el grado de capitán participó de la campaña de 1814, mereciendo mención especial en la dura lucha de La Puerta y Aragua. Allí, se destacó junto a José María Arguíndegui. Sufrió largas prisiones y duras penurias.

En 1822, en Cartagena de Indias, se incorporó al batallón “Alto Magdalena”, bajo las órdenes de Córdoba. Luego, se encaminó a Panamá y a Guayaquil, hasta incorporarse al ejército de Sucre.

En la batalla de Pichincha, tenía el grado de teniente coronel, correspondiéndole estar al frente del batallón. Se le reconoce este título por su coraje y arrojo para dirigir y enfrentar el enemigo en una batalla, prácticamente, cuerpo a cuerpo. Además, se le inscribe como oficial de Estado Mayor el 17 de noviembre de 1822.

El 18 de mayo de 1823, se embarca en Guayaquil para el Callao, como segundo comandante del batallón “Vencedor en Boyacá” con cerca de 910 hombres, dentro de la brigada que mandaba Córdoba en la división auxiliar del Perú.

Estuvo presente en la famosa revista de la pampa de Sacramento, en víspera de la batalla de Junín, pero no tomó parte de ésta, como ningún miembro de la infantería.

En Ayacucho, al ser herido el coronel Ignacio Duque, primer jefe del “Vencedor”, le correspondió reemplazarlo, haciéndolo con heroísmo y arrojo de principio a fin.

La opinión fatua del general Lara contra el general Agustín Anzoátegui, fue ampliamente refutada por José María Córdoba, quien lo consideró “bueno y bravo jefe, compañero de Ayacucho y de Pichincha”.

Es de anotar que había una gran amistad entre José María Córdoba y los hermanos Agustín y José Antonio Anzoátegui. Fueron compañeros y amigos desde 1817 en Guayana. Más tarde en 1819, en Tame, cuando Córdoba fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la División que comandaba José Antonio Anzoátegui.

En carta escrita en Popayán, el 12 de julio de 1829, dirigía a Agustín Anzoátegui, dice Córdoba: “Tengo yo el orgullo de ser muy consecuente a mis amigos, y por consiguiente a usted con mucho cariño, porque lo ha sido bastante desde que nos conocemos, y tanto más agradezco y aprecio la amistad de usted cuanto que la mayor parte de los jefes de ese ejército (con bastantes razones según su sentir) se me han declarado mis calumniadores… No le he escrito yo de mi parte porque no sabía de su existencia, después de que se fue de esta ciudad hasta ahora…Usted me honra demasiado en el elogio que hace de mis conocimientos militares y de que mis servicios habían convenido en esa campaña; doy a usted muchísimas gracias y muy de veras, porque siento mucha satisfacción al verme bien conceptuado en un bueno y bravo jefe y en un compañero de Ayacucho y de Pichincha. Pero yo estoy seguro que ninguno mejor que el señor General Flórez habría manejado esta campaña, que tal vez necesita más astucia que valor…Siento en mi alma no tener ahora qué mandarle a cuenta de mi deuda. Tal vez usted estará creyendo que yo vivo ahora con abundancia; no es así, a medio sueldo y nada más y ningún otro recurso: Apenas tengo para comer. Usted me conoce muy bien y esto me basta. Repito que le mandaré algo inmediatamente que pueda”. [iii]   

La carta de Córdoba tiene esta nota al pie: “Poder al general Luis D. Urdaneta para que aperciba los $1.900 de que me es deudor el señor general Córdoba  y haga los reclamos que convenga…Agustín Anzoátegui”.

En julio de 1825, del Cusco, lo recomendaba Bolívar a Santander para comandante del batallón “Junín”, recién creado, como “digno hermano del general y excelente oficial”.

Desde 1826, se vinculó al general Juan José Flórez, comandante general del Ecuador. En 1829, hizo campaña a las órdenes  de éste y del Libertador en Popayán, Pasto y Guayaquil. Según M.J. Romero, se estableció definitivamente en el Ecuador Agustín Anzoátegui  alcanzando el grado de General.

El otro hermano fue Juan José, quien también siguió la carrera militar desde 1814, cuando apenas tenía trece años edad. Sufrió con estoicismo los rigores de la prisión, hasta ser libertado por el general M. Montilla.

Estuvo en Cartagena en 1.820 y Puerto Cabello en 1.823, ganando los respectivos escudos y medallas. En 1822, se incorporó al batallón “Antioquia” y en 1.824 al batallón “Anzoátegui”.

En 1.826 figura entre los oficiales amigos de Páez, que se opusieron en Caracas a los procedimientos del coronel Felipe Macero, quien con su batallón “Apure” se mantuvo fiel a la integridad de Colombia.

En 1.828 era capitán. Su hoja de vida acusaba el 30 de mayo: 13 años, 6 meses y 23 días de servicio. En 1.830 fue teniente coronel y segundo jefe del batallón “Anzoátegui”. Se casó en Valencia.

Bolívar y Santander apreciaron el valor de los hermanos del general José Antonio Anzoátegui. Habían sido recomendados por la viuda del general, pues se encontraban en Cartagena y atravesaban graves dificultades.

Bolívar decía al secretario de marina y guerra, del cuartel general del “Trapiche”, en viaje de Popayán a Guayaquil, el primero de junio: “Sírvase vuestra señoría elevar al conocimiento de su excelencia, el vicepresidente la recomendación que hago de los dos hermanos del muy benemérito señor general Anzoátegui, que tengo entendido existen miserablemente en Cartagena. Yo deseo que de mi sueldo se les dé treinta pesos mensuales para que vivan con la decencia correspondiente a los hermanos de un tan digno general. Además suplico a su excelencia, que mande venir a Bogotá a dichos individuos y allí serán empleados conforme a su rango, mérito y padecimientos”.[iv]

Francisco de Paula Santander, a su vez, le indica a Teresa Arguíndegui, el 7 de julio: “Los hermanos Anzoátegui tienen orden de venir de Cartagena a esta capital, donde tendrán libertad de elegir la provincia o plaza a que quieran ir a servir. Yo los atenderé como oficiales de Colombia y como hermanos de mi buen amigo Anzoátegui”.[v]

Infancia de la familia Anzoátegui

Don Miguel J. Romero, publica un folleto en 1.895, llamado: “La primera Patria en Barcelona”, en el cual habla de la infancia del general Anzoátegui. “Los Anzoátegui – dice – nacieron en la calle del Socorro (hoy calle de Anzoátegui), en la casa que había en el solar situado entre las de las viudas Carvajal y Alcova. José Antonio Anzoátegui era, pues, arroyero, circunstancia que contribuyó mucho en la influencia que debía ejercer después en las masas populares de esta ciudad. Barcelona estaba dividida en cuatro barrios: Palotal, Arroyo, San Cristóbal y Barceloneta (hoy Portugal). El primero era marino y pescador, y un barrio rico; el segundo era numeroso de agricultores y comerciantes. Estos dos barrios eran rivales y con frecuencia venían a las manos, armados con piedras y palos; en estas contiendas casi siempre triunfaban los paloteros. Los Anzoátegui siendo niños, ocupaban las filas arroyeras, como soldados, hasta que llegó la época de proclamar jefe a José Antonio; y tuvo tan brillante estreno, que los derrotados paloteros fueron perseguidos hasta los aposentos de sus casas; hízose, pues, jefe de los arroyeros: Estos fueron patriotas y godos los paloteros. Arroyeros formaron la mayor parte de los batallones Barcelona, que fueron a Sorondo (Orinoco), a las Puertas, Aragua, Urica , dos veces Maturín, al Juncal, Caracas, Barrancones y Barcelona. De los restos de la Casa Fuerte formó el Libertador en el Chaparro el batallón Barcelona que hizo la campaña de 1.818 (Boyacá), y que hizo la guarnición de Bogotá por mucho tiempo (Testimonio del general Santander)”.[vi]

Formación del general

La instrucción literaria que recibió el general José Antonio Anzoátegui, fue bastante rudimentaria como era obvio en su época. El cronista Miguel J. Romero, señala: “No he podido averiguar qué estudios hizo Anzoátegui: Si los hizo en Barcelona fueron muy limitados, pues esta ciudad, a pesar de sus 16 mil habitantes que llegó a tener, solo tuvo una escuela primaria…”

En cambio, por ser mantuano, pudo aspirar a Cadete de milicias blancas y aun realizar como tal algunos ejercicios de armas en la vecina Cumaná.

Cuando estalló la revolución era subteniente veterano de milicias. Luego, tuvo la oportunidad de tener vastos conocimientos de táctica militar, fortificación, organización, disciplina, etc en la Academia Militar que regentó en Barcelona el coronel Sebastián de Bleza y que formó para la Independencia un grupo de lujo de oficiales.

Dice Fabio Lozano y Lozano: “Aseméjase en esto el héroe venezolano a nuestro gran Córdoba, quien apena sí aprendió en los primeros años a leer, escribir y contar, pero que luego alumno distinguido de la escuela de Ingeniería militar que regentó en Medellín Francisco José de Caldas”.

La formación académica al parecer no fue la ideal. Cartas y documentos del general expresan mala redacción y deplorable ortografía. Lo que sí tuvo y brilló desde niño en él, fue el espíritu libertario, la generosidad, el valor a toda prueba y la lealtad. ¿Qué más?   

Gráfica.- José Antonio Anzoátegui. Foto: Notilogía

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[i] LOZANO Y LOZANO, Fabio. Anzoátegui (Visiones de la guerra de independencia) Biblioteca de Historia Nacional. volumen C. Bogotá, Colombia. 1963. Página consultada 14.
[ii] Ibíd. Página consultada 14.
[iii] Ibíd. Página consultada 15.
[iv] Ibíd. Página consultada 16
[v] Ibíd. Página consultada 16.
[vi] Ibíd. Página consultada 16.