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Valle del Cauca
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Las comunidades negras, después de 20 años, no han recibido la reparación ordenada por varias instancias judiciales. San José de Anchicayá vive en el absoluto abandono por parte del Estado



Fueron 45 minutos por mar, y una hora y 15 minutos por río para llegar al corregimiento de San José de Anchicayá en las entrañas de Buenaventura, Valle del Cauca. Zona hermosa, su río es la fuente del sustento, pero ha sido abusado, humillado y sus habitantes también.

En julio del año 2001 fueron vertidas al río 580 mil toneladas de lodo desde las represas Anchicayá bajo y alto; desde entonces llega el lodo al río y al mar. Cuentan los habitantes que no volvieron a usar la máquina que colocaba el barro en tierra firme. Desde entonces sus aguas son turbias, antes eran cristalinas; los manglares sobreviven algunos en medio del fango, sus riesgos y los usos deben hacerlos con agua contaminada porque no hay otra posibilidad.

Para beber y cocinar compran agua en botellones, aunque no siempre se puede. Las dos ventanas que dan hacia el río a lo largo del cauce y que se llenan de adultos y niños cuando sienten el paso de una lancha, me hacen pensar que sus casas se volvieron tristes.

Un pedazo en la Colombia olvidada

El transporte se volvió pesado y muy caro, un viaje con 20 pasajeros cuesta 800 mil pesos desde Buenaventura hasta el lugar. El pescado nativo desapareció. Se vive de lo que viene del mar que también está afectado. Los motoristas de las lanchas no han recibido el primer pago, el combustible se lo fían en Buenaventura, mientras ya han comunicado que no lo podrán seguir haciendo.

Los jóvenes y niños se desplazan por agua para ir a las escuelas y colegios, para entrar se requiere que la marea esté alta, para regresar se complica la vida. Sólo pueden hacerlo entre 3:30 y 4 p.m., pues la sedimentación del río no permite avanzar. La escuela que lleva el nombre del líder Silvano Caicedo está a medio hacer. No hay aulas suficientes, incluso dividen algunas en dos. Sólo hay tres computadores y se turnan de a tres y cuatro alumnos. Los salones múltiples solo quedaron construidas las columnas. La obra fue abandonada.

Hay tierras para cultivar, pero no hay profesor para enseñar a los alumnos. Ojalá algún día lleguen los dineros del Estado para la alimentación de los niños, ojalá algún día se reactive la economía con la compra directa de los productos a los campesinos de la zona.

El Estado no aparece

El Programa de Alimentación Escolar, PAE, no ha llegado. En una cultura de alimentación relacionada con el mar, les llevan pollos congelados sin tener en cuenta que no tienen una sola nevera a lo largo del rio. Lo complementan con jugos azucarados habiendo tantas frutas y espacios para sembrar en tantas escuelas.

La comunidad con sus propios medios construyó una cocina y un comedor, pero tampoco hay gas; cocinan algunas cosas con fogones de madera. Increíble que las yucas y plátanos para el consumo las traigan de Cali; a la comunidad no le compran nada. La pobreza asoma por todos lados.

Las represas entraron en operación en 1955 y 1964, y hasta hace dos años no tenían un kilovatio de energía generada. Estoy en un territorio donde la comunidad ha sido víctima de la violencia, desplazamiento y del abandono total del Estado. La comunidad denuncia mientras anoto lo que considero las afectaciones más graves:

1) La agricultura ha sufrido una alteración impresionante por las inundaciones y por el lodo que se vierte constantemente; 2) la pesca sobre todo el río sufre un gran impacto negativo, esta actividad requiere una limpieza continua que nunca se ha dado. Sólo se hizo cuando existió Navenal, pero el gobierno la acabó hace años; 3) la salud de la comunidad es precaria, aparecieron enfermedades por la contaminación del agua, especialmente en mujeres y niños. No hay puestos de salud y tampoco ambulancia y como la única salida es por el río, hay muchas muertes evitables que se producen por la falta de una ambulancia fluvial y por las alteraciones que ha tenido el río a lo largo de tantos años; 4) la minería artesanal desapareció y el oro que se extraía barequeando no se pudo volver a hacer; 5) los cultivos se alteraron y la medicina tradicional está en vías de acabarse, numerosas plantas utilizadas para ello se acabaron en la región, así como también los médicos tradicionales; y 6) las maderas y la reforestación que se hacía, no se pudo volver a realizar porque el río se secó en varias partes y sus playas también desaparecieron.

La lucha de las comunidades negras ha sido intensa, pero hasta el momento no han sido reparadas. Los organismos de Gobierno no han prestado atención a semejante problema humanitario. El abogado que defiende los derechos de la gente en el territorio, ha sido amenazado y desplazado de la región.

La Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC, es culpable en parte, no sólo por la displicencia con que ha tratado el problema, sino principalmente porque no ha cumplido sus obligaciones de velar por el cuidado de la naturaleza y los ecosistemas vulnerables. Todavía conserva parte de acciones en la represas pero cuando el gran ecocidio tenía alrededor del 40%.

Pueblos de paz

Todos los días reciben ofensas, pero son pueblos de paz. A quienes reclaman, los penalizan está demandado su representante legal.

Los que manejan el país y el departamento del Valle del Cauca, no tienen conciencia, corazón, ni hijos. El río está solo contaminando y nunca les ha importado, me dijo una mujer con rabia y con dolor.

Ayuden a la Colombia profunda. Ellos también son colombianos y también tienen derechos. La reparación es urgente la rehabilitación del río también. Al mar también hay que cuidarlo, es de lo único que viven. La cultura negra, sus cánticos, su música, su alimentación, su arquitectura es patrimonio del país. ¡Ayudemos a salvarla!

@AidaAvellaE
(*)Senadora de la República.

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