Comunistas en el exterior
Tipografía

Es el mes de los vientos. Tiempo de cometas multicolores que inundan el aire mientras bandadas de chiquillos corren alborozados sosteniendo el hilo que los conecta con el infinito, en una ciudad que se encuentra dos mil seiscientos metros más cerca de las estrellas. En agosto se dan los grandes festivales para conmemorar el aniversario de la fundación de Bogotá. Además de la jornada musical “Salsa al parque”, se realiza el “Festival de verano”, con múltiples actividades musicales, lúdicas y deportivas.



Pero agosto nos trae también dolorosos recuerdos. Como todos los meses y como casi todos los días del largo suplicio de la violencia que nos azota. Fue en La mañana de 9 de agosto de 1994 cuando asesinaron a Manuel Cepeda Vargas, el último senador que pudo elegir la Unión Patriótica, movimiento político que soportaba ya nueve largos años de exterminio masivo y sistemático de sus militantes, desde que en 1985 naciera a la política nacional y se convirtiera en una posibilidad de paz y democracia. Un operativo conjunto de sicarios del paramilitarismo y oficiales del Ejército acribillaron a tiros en esa limpia mañana a Manuel.

Un mes de agosto en el que hasta hace pocos años se celebraba el Festival de Voz, que precisamente fuera Manuel quien los inaugurara, cuando era Director del semanario. Ya habían transcurrido cinco agostos sin que se realizara el festival, desde aquel 18 de agosto de 1989 cuando asesinaron al candidato liberal a la presidencia Luis Carlos Galán y hubo que desmontar a las carreras un festival que ya estaba empezando a calentarse y fue necesario para muchos buscar alojamientos seguros en forma apresurada, ante el temor de lo que pudiera esa noche sobrevenir. Pasaron varios años para volver a reanudar la historia de los festivales.

Un día de agosto del año 1986 asesinaron en la ciudad de Barrancabermeja a Leonardo Posada. Formaba parte del grupo de 14 parlamentarios que había elegido la UP. Una bancada sin antecedentes en la historia electoral de la izquierda colombiana. Leonardo fue el primer parlamentario asesinado. Manuel el último.

Manuel y Leonardo, dos cuadros históricos de la Juventud y del Partido Comunista Colombiano. Al caer asesinado Manuel tenía 64 años, Leonardo 39. Coincidían en la firmeza, la terquedad, el verbo fácil, las críticas duras, pero también en la sonrisa o el abrazo después de los debates. Los diferenciaba que en las noches, Manuel, seguramente recortaba notas de periódicos, pintaba, escribía su columna de Voz “Flecha en el blanco” o escribía poemas a la militancia y a su inolvidable Yira, en su pequeña casa atiborrada de artesanías, libros y relojes; mientras que Leonardo quizás estaba oyendo tangos y boleros o bailando salsa con sus camaradas de la naciente social bacanería. El último deseo de Leonardo fue que en su entierro en vez de himnos se cantaran boleros. “Toda una vida” era su preferido y cuyo autor, el inolvidable Antonio Machin, había muerto un día de agosto. Pocos alientos quedan para contar que un mes de agosto asesinaron al más grande humorista político de Colombia, Jaime Garzón, el mismo mes en que muchos años atrás el fascista Francisco Franco ordenaba el fusilamiento de las Trece rosas republicanas.

Una década después de estos magnicidios, que hacen parte de otros miles, se reunió el Congreso de la República en pleno para que en ceremonia oficial y ante la presencia del cuerpo diplomático, el gobierno colombiano pidiera perdón por el asesinato de Manuel Cepeda Vargas. De esta manera Santos cumple con un compromiso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, algo que Alvaro Uribe eludió. Es un hecho incompleto, aislado y obligado, pero no por ello no deja de ser histórico. Una señal política importante para pensar en la posibilidad de la reconciliación y la paz. Es aún muy insuficiente, pero se hace camino al andar.

Este año el Festival número 27 de Voz no será en agosto. Será en octubre, en un día cuando Leonardo estaría cumpliendo 64 años. Los mismos que tenía Manuel cuando murió.

Soñamos que en días no muy lejanos, nuestros agostos con todos sus días, sean sólo de festivales, cometas y chiquillos alborotados.

Sevilla, 10 de agosto de 2011

Escrito que hace parte de “Crónicas de ilusiones, desencantos y viceversas” que recoge diversos momentos de la historia de Colombia en los que se ha buscado la inalcanzable paz.