Tolima
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La situación económica, social, política y ambiental de la república de Colombia resulta compleja. La contradicción de las clases sociales es evidente, a pesar de los diversos artilugios de la clase dominante para disimular la crisis.



La causa reside en el sistema económico, sistema cada vez más incapaz de resolver la problemática del pueblo colombiano, además, su cruda corrupción, la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas.

El pueblo aguanta y guanta, pero llega un momento en que la paciencia se copa y reacciona en su legítimo derecho exigiendo justicia y equidad social, económica e incluso, política.

El régimen antipopular colombiano se cuece en su propia salsa. La dictadura del mercado (modelo neoliberal) se acentúa con virulencia y la denominada clase media va a la pauperización inexorablemente, mientras los grandes oligopolios se consolidan, internacionalmente.

Los efectos se colocan a la orden del día: Crisis en la educación, en la salud, en el ambiente, en la ética y en la moral. La descomposición socio económico se hace evidente lo que coloca en la palestra una crisis estructural y de largo aliento.

A pesar de los medios masivos persistir en su labor de invisibilizar la protesta social con su publicidad alienante y la consabida desinformación, los hechos son tozudos e innegables, están presentes a la orden del día.

El paro nacional de los docentes – por ejemplo – lo mismo que el histórico paro cívico de los habitantes del departamento de Chocó, se concatenan a la lucha que viene librando el pueblo colombiano para que la implementación del proceso de paz con la insurgencia de las Farc – Ep sea una realidad, lo mismo los diálogos con el ELN.

También los transportadores expresaron su inconformidad en varias ciudades capitales del país, la lucha por deponer a alcaldes por su incompetencia para cumplir con las promesas hechas en campaña, se viene extendiendo en numerosos municipios del país, entre ellos, Bogotá.

El pueblo viene asumiendo su verdadero rol histórico, va rompiendo las cadenas de la opresión y represión, asumiendo una postura digna de luchar por sus propios intereses de clase.

Izquierda fuerte y consecuente

En este momento, se necesita con urgencia una izquierda fuerte y consecuente capaz de canalizar todo ese inconformismo con el propósito de robustecerlo y hacerlo irreversible. No hay tiempo que perder. Las izquierdas deben su superar sus egos, asumir postura crítica y autocrítica e interpretar el momento histórico.

No hacerlo así es peligroso por las zancadas que viene dando el imperialismo norteamericano en su afán de recuperar su ilegítimo poder en este continente. Debemos entender que el ataque artero contra la hermana república bolivariana de Venezuela, es también contra Colombia.

Colombia es cabeza de playa para agredir la patria de Simón Bolívar y Hugo Chávez, tiene más de 21 bases norteamericanas en este territorio y como si esto fuera poco, la oligarquía colombiana con el aval directo de los Estados Unidos, tiene un verdadero ejército paramilitar dispuesto a sembrar el terror, como efectivamente viene sucediendo con esa supuesta oposición venezolana, que en realidad son delincuentes descompuestos y comprados por la CIA, pero que los medios de comunicación los presenta dizque como “perseguidos políticos”. ¡Qué infamia!

Colombia es la paria de la región por un gobierno pusilánime, mentiroso e incumplido, que sirve de rodillas a los Estados Unidos. Ese supuesto encuentro Donald Trump – Juan Manuel Santos, realmente no es cierto. Es simplemente una burda rendición de cuentas y el recibimiento de órdenes.

En estos momentos Colombia podría ser bombardeada por cualquier país del mundo en su legítima defensa, pues nuestros gobernantes permitieron la instalación de estas bases norteamericanas. ¿Por qué este país no instaló estas bases en su territorio? Porque sabe del peligro que esto representa. Estados Unidos sí protege su territorio. Colombia es un verdadero polvorín, por obra y gracia de esta apátrida clase dominante.

El horizonte es oscuro. Por eso, insistimos en la necesidad de fortalecer la unidad de la izquierda y los sectores democráticos. Hay que superar las eternas discordias y ponernos a tono con los acontecimientos del momento. Debemos redoblar la solidaridad con el pueblo venezolano y el gobierno que preside Nicolás Maduro. Hacer realidad el internacionalismo proletario, en todas sus formas y manifestaciones resulta de suma urgencia. La agresión al pueblo venezolano es una agresión al pueblo colombiano.

Unir las luchas

Es hora de la unidad, no es hora de la dispersión. Debemos respaldar la justa lucha de los trabajadores de la educación, la salud, los transportadores, los campesinos, los indígenas, las mujeres, la juventud. No librar luchas aisladas, concatenar, unir, sin imposiciones ojalá con la clara concepción de la lucha de clases.

Debemos rechazar la postura canallesca del presidente Santos de inmiscuirse groseramente en los asuntos internos de la hermana república venezolana, también la posición sumisa a los dictámenes de los Estados Unidos y su incumplimiento al proceso de implementación del acuerdo de paz suscrito con el movimiento guerrillero de las Farc – Ep. Venezuela se la jugó por la paz de Colombia y este gobierno no puede pagar como viene pagando. ¡Qué vergüenza!

Debemos rechazar la política imperialista y guerrerista de los Estados Unidos y su intromisión en los asuntos internos de cualquier país del mundo. Su majestad la soberanía nacional debe primar en estos momentos históricos.

Debemos no mirar tanto la paja ajena en los demás, esperando que el otro entienda la importancia de la unidad, debemos comenzar por nosotros mismos con grandeza y decisión política. Pocos seremos débiles, muchos seres fuertes, invencibles.

Hay que entender el momento histórico para contribuir a su desarrollo, debemos contribuir de verdad a la exacerbación de las contradicciones de clase y al desarrollo del proletariado en su conjunto. Es la tarea del momento y del futuro.