Tolima
Typography

La izquierda colombiana no puede darse el lujo de seguir discutiendo acerca de la unidad de una manera etérea y gaseosa como si no se diera cuenta de lo que está sucediendo a diario a lo largo y ancho del país. Es hora de concretar ya.



Los candidatos unitarios definidos ya deberían estar recorriendo barrios y veredas enarbolando la bandera de la unidad alrededor de un programa mínimo con propuestas audaces en relación con la paz, la democracia, la defensa del medio ambiente y la lucha frontal contra la corrupción.

El puerta a puerta, el casa a casa, sería la mejor estrategia para contrarrestar la andanada agresiva del discurso violento de la derecha y de la extrema derecha. Para ello, hay que empezar con tiempo. Sería imperdonable volver a cometer los mismos errores de sacar nuestros candidatos a última hora como si se tuviera mucho dinero para la publicidad mediática.

El momento exige sindéresis para entender con conciencia de clase el momento histórico que vive Colombia a partir del proceso de paz con las guerrillas de las Farc-Ep y el ELN. Abrirnos, ser generosos y consecuentes actuando con ética revolucionaria y compromiso de patria. La izquierda Colombiana no puede seguir dando tumbos inciertos, mientras la derecha y extrema derecha arrecian la violencia contra el pueblo, especialmente contra sus líderes populares, sindicales, campesinos e indígenas.

No podemos utilizar las mismas fórmulas de la derecha, sus mismas prácticas deshonestas, oportunistas y ventajistas. No hay un solo movimiento de izquierda en Colombia que no haya tenido que llorar algunos de sus militantes, porque cayó fruto de las balas del terrorismo de estado. El mejor monumento que podríamos hacer a todos esos mártires, es construyendo la unidad con amplitud, generosidad y grandeza.

Hacer un solo ejército para recorrer la bella geografía colombiana y tolimense con camaradería mostrando alegría, esperanza, disciplina, honradez y perseverancia. Si hay un movimiento que no quiere entrar al carruaje de la unidad, no lo consideremos como el principal enemigo, tengamos claro que nuestro enemigo es de clase: El régimen capitalista. No podemos perder la brújula con mezquindades. Seamos críticos y autocríticos, pero con fraternidad y sinceridad. Demos ejemplo, no de abajo hacia arriba, sino de arriba hacia abajo.

Que cada fuerza saque sus mejores cuadros, los más honestos, los más trabajadores, los más conciliadores y los más claros políticamente. Con ellos hagamos una chipa, una coalición, una lista unitaria, con programa claro y reglas de juego claras y para adelante. No esperemos a hacer una alianza perfecta, ésta realmente no existe, ni existirá jamás.

El genocidio que en 1985 comenzó con el surgimiento de la Unión Patriótica (Up) y que arrasó totalmente con toda una generación, se recrudece nuevamente en toda Colombia. La policía asesina 7 campesinos e hiere a medio centenar en el departamento de Nariño, 6 ex guerrilleros farianos han sido asesinados hasta ahora en completo estado de indefensión, varios indígenas en Tumaco, en el Tolima una docente, se calcula que en menos de un mes han sido asesinados en Colombia 19 líderes populares, sindicales, campesinos e indígenas, más de 1300 en los últimos 20 años, el Centro Democrático, fiel exponente de la violencia y el terrorismo de estado, con pleno respaldo mediático, azuza la violencia, la corrupción pulula en las alturas del poder y sin embargo, la izquierda sigue dizque estudiando si es posible e importante la unidad. Basta de diagnósticos y posturas contemplativas, acciones, movimiento y lucha de ideas, batalla de ideas con humildad pero con decisión.

Ojo con esos falsos puritanismos. Recordemos la tesis marxista que señala que todo problema teórico se resuelve en la práctica, en la acción. Así se construye la unidad verdadera. Que cada fuerza haga su aporte con ética y compromiso. ¿Vamos a seguir en discusiones bizantinas mientras el departamento y el país se desangran por sus cuatro costados?  Hay que decir al unísono: “Unidad ya, no más dilaciones”.