Con Chávez hicimos un máster en guerras no convencionales. La guerra mediática la teníamos descifradita, los bloqueos, las revoluciones de colores, los infiltrados, las ONG como máscaras de la CIA, del Departamento de Estado, del Pentágono. Nos hicimos expertos en detección de fake news, por ser su objetivo principal. Más tarde, supimos del “law fare” y vimos hacia dónde van los tiros. Entonces llegó la guerra.

Antes de la guerra, había un embeleso con la lucha heroica de los pueblos hermanos bajo ataque. Cuba, un faro de resistencia. El Chile de Allende, un glorioso morir con las botas puestas, tras resistir todo tipo de sabotajes, bloqueos, carencias planificadas por el enemigo de siempre, el enemigo nuestro.

La dignidad de no quebrarse, de no ceder, de no concederle al enemigo la satisfacción de vernos derrotados. "Primero muerto que de rodillas"… Hasta que nos tocó a nosotros…

Entonces las dimensiones de esta guerra escaparon de la compresión de quienes parecían comprenderlo todo. Así, de golpe y porrazo, después de vivir glorificando la resistencia de otros Pueblos, supieron que no podían vivir sin Internet veloz, sin flujo eléctrico constante, sin servicios públicos de calidad.

Y empezaron a preguntarse en cuanto lugar los pudieran oír, qué carajo tiene que ver la guerra con la ineficiencia, "porque la luz, el agua, el ABA no se compra en dólares", dicen, obviando maquinarias, repuestos, bloqueos, robos de material estratégico, sabotaje y ni hablar de los más de 500 años de dependencia colonial y neocolonial, que, según, debió ser erradicada los últimos 20 con una receta mágica que, los que saben, tienen.

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(Extractos) El aumento de situaciones irregulares en la región limítrofe del Estado venezolano debe ser examinado tomando en cuenta la característica fundamental de la sociedad occidental criminal que, en función de darle espacio sin restricciones a las multinacionales, busca un rompimiento forzoso de las fronteras nacionales (…)

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