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La palabra libertad, desde este pasado 17 de mayo, ha tomado nuevos bríos en el corazón de los puertorriqueños, que la sienten resonar con justificado ardor desde cuando la bota americana hoyó el suelo de su país. Lo ocurrido en esta fecha es para que todo el mundo democrático lo celebre: Oscar López Rivera recobró la libertad.



Oscar López Rivera es un independentista puertorriqueño de 74 años que desde sus 28 purgaba penas en las cárceles de Estados Unidos por estar luchando por un Puerto Rico libre.

Llegó a Norteamérica con solo 14 años, sin saber de las suertes por las que tendría que pasar, dada su condición de latino. Su primera gran tragedia la sufrió al ser reclutado para atender la guerra de invasión a Vietnam, en la que su país anfitrión estaba comprometido, y de la cual, por fortuna, pudo retornar con una medalla al pecho, gracias a su valeroso desempeño.

Tras ese regreso, bien pronto emprendió el papel que debía jugar como hijo de la Borinquen sometida. Al principio se integró a las luchas de sus compatriotas y de otras minorías, que exigían buen trato de las autoridades, freno a los desmanes policiales y atención igualitaria en el acceso a servicios básicos. Pero lo meramente reivindicativo no era lo suyo. Por sus venas corría sangre de libertad, lo que lo llevó a radicalizar sus posturas y a formar parte de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional.

En 1981, con 28 años, a López Rivera le serían cobradas esas patrióticas posiciones. Fue detenido y sentenciado a 55 años de cárcel por pretender darle honra a la bandera de su patria, pisoteada por la bota imperial desde 1898. Esa pena, ampliamente rechazada en el mundo, fue alargada por 15 años más por un intento de fuga jamás probado. Desde el momento mismo de su captura, reclamó ser tratado conforme al Protocolo de Ginebra de 1949, que concede el privilegio de no ser jusgado como delincuente común a quien lucha contra la ocupación colonial, petición que nunca la fue atendida.

Oscar López Rivera retornó a la libertad luego de 36 años de cautiverio y de ser indulto por Barack Obama, quien tuvo que ceder ante la solidaridad internacional con un hombre que jamás desfalleció en sus principios y que hoy manifiesta ante ese sol radiante de su isla: "Yo vengo a luchar y a trabajar... Mi espíritu, mi dignidad y mi honor están mucho más jóvenes hoy que el día que ingresé a la prisión". Como dijo Bertolt Brecht: Hay hombres que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles. ¡Oscar López Rivera es imprescindible!