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Internacional
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El hábil manejo y la larga paciencia de la oligarquía colombiana y un muy buen plan concebido en el plano político militar de la oligarquía con pleno apoyo de Estados Unidos contra las FARC-EP rindieron frutos.  Para demostrar esta tesis, debo someterlos a este recuento histórico que resumidamente inicié y he venido desarrollando en mis tres anteriores artículos, de cómo se viene ejecutando milimétricamente este maquiavélico y traicionero plan.



El comandante Manuel Marulanda tenía una clara y estratégica visión del tema, cuando no se presentó el 7 de enero en la apertura del proceso de paz, y cuya ausencia los medios hegemónicos armaron su show, para tratar de desprestigiar, no solo a Marulanda, sino sembrar la desconfianza en el proceso, y en la seriedad de las FARC.EP de su voluntad de paz.

Esa política de descrédito fue lograda, sectores políticos y económicos  muy importantes y con posiciones  ambivalentes, se dejaron ganar por dicha campaña,  que lideraba  el aspirante a la presidencia Álvaro Uribe, apoyado por algunos  caciques regionales, los grandes sectores latifundistas y ganaderos,  financieros y los poderosos carteles del narco-paramilitarismo, dirigidos por los sanguinarios Carlos Castaño, Salvatore Mancuso, Diego Fernando Murillo, Jorge 40, entre otros jefes,  de las llamadas Autodefensas Unidas de Colombia. (AUC).

Sin embargo, esos mismos medios, nada dijeron, de la noticia del 3 de agosto de 1998, cuando en una visita oficiosa a Estados Unidos, el presidente electo, Andrés Pastrana, al ser recibido por el presidente William Clinton, lo primero que hizo fue solicitar apoyo militar, solicitud cumplida que dio origen al Plan Colombia, bajo la engañosa publicidad de combatir el narcotráfico, cuando en realidad era un plan contrainsurgente para Colombia y de alcance regional para el sur.

Con razón Marulanda desconfiaba y en una conversación el 8 de enero de 1999 con un grupo de delegados extranjeros que asistieron a la apertura de la Mesa de conversaciones de Paz, en Villa Nora, San Vicente del Caguán y ante la pregunta sobre su ausencia a la apertura, entre otros argumentos dijo: “hubo problemas de seguridad y otros elementos”, y precisó “no se entiende que el presidente Pastrana haya ido a Estados Unidos a pedir ayuda militar, si iniciamos un proceso de paz”.  

Era evidente que el legendario jefe de las FARC-EP no veía con claridad el proceso de diálogo de paz y tenía razón, si el objetivo era lograr la paz, proceso que también el gobierno había comenzado con el ELN, porque pedir apoyo militar y no apoyo para darle solución a los graves problemas económicos y sociales que padecía el pueblo colombiano, especialmente el campesinado.

El real objetivo del Plan Colombia, era militar y no como lo concibió el ex senador Álvaro Leyva, una especie de plan Marchall, que se aplicó luego de la 2da guerra mundial en Europa, cuyo propósito fue reconstruir lo que la guerra había causado en el viejo continente, tal como Pastrana anunciaba en su campaña presidencial, de reconstruir el país, apoyar a las zonas campesinas escenario del conflicto armado y lograr la reconciliación y la paz.

El plan discutido y el presupuesto aprobado por el Congreso de Estados Unidos fue de un 70 %   militar, un 30 por ciento, económico-sociales, entre ellos para DD. HH y para la Paz  solo un 2 por ciento del financiamiento. Todo lo contrario, a lo que había propuesto el Congreso colombiano y el parlamento europeo, como siempre Estados Unidos, no tomó en cuenta los intereses colombianos e impuso su plan con gran desprecio a los aspectos sociales y a la paz y a su pueblo.

Mientras que el plan original tenía un presupuesto de US$7,5 mil millones de dólares de los cuales un 51% se dedicaría al desarrollo institucional y social, un 32% para combatir el narcotráfico, un 16% para revitalización social y económica y un 0,8% para apoyar los procesos de negociación política con los grupos guerrilleros. Pastrana inicialmente solicitó US$4,864 mil millones de dólares provenientes de fondos colombianos (65%) y solicitó US $2,636 mil millones a la comunidad internacional (35%). Pero todo estos porcentajes se invirtieron y el tema militar fue del 70 por ciento y el resto 30 por ciento tal como ya arriba les había mencionado de acuerdo al aprobado por el Congreso de EE.UU.

La administración Clinton en Estados Unidos apoyó la iniciativa asistiendo con $1,300 millones de dólares y 500 miembros de personal militar para entrenamiento de las fuerzas locales. Además 500 “civiles” fueron enviados para apoyar las actividades de eliminación de los cultivos de coca.

Para el desarrollo del Plan Colombia, el gobierno colombiano invirtió ese presupuesto en la compra de 74 helicópteros – de los cuales 72 fueron para la aviación del Ejército y 2 para la Policía así: 16 Black Hawk U-H 60, 33 U-H IN y 25 Huey II. Actualización y modificación de aviones de la Fuerza Aérea, incluyendo la entrega de cinco nuevas aeronaves Schweitzer y la capacitación y entrenamiento a los tripulantes”.  “La armada recibió cuatro buques patrulleros Point Class para el cuerpo de guardacostas”.

También adquirieron varios aviones tucanos a Brasil, por un total de 234 millones de dólares.  Más las millonarias compras de químicos como el glifosato, para la aspersión aérea y “eliminar los sembrados de coca” y el pago a las empresas norteamericanas que contrataban a los pilotos, la mayoría latinos (salvadoreños, gringos y mexicanos).

Ósea que ese dinero se quedó en Estados Unidos, beneficiando a sus empresas. Un dato a tomar en cuenta, en ese periodo de los gobiernos Pastrana-Uribe (1999-2002 y 2002-10) había 180 mil hectáreas sembradas de coca y dejó un saldo de miles de personas con enfermedades de la piel y cáncer, tanto en Colombia como en Ecuador, provocado por el glifosato, esparcido en toda la zona fronteriza, que afectó seriamente el medio ambiente y la muerte de la fauna y la flora, un verdadero crimen.  Hoy en Colombia hay una cifra superior que alcanza a 220, 000 mil hectáreas, por cuyo motivo el presidente Trump, regañó públicamente al presidente Duque el pasado mes de marzo durante su visita a Washington.

Era lógico, el plan de Estados Unidos, que era conocido como Plan Colombia, su objetivo era militarizar y controlar América del Sur, por eso el plan, cambia el nombre por el de Iniciativa Regional Andina y es el mismo que se está implementando en la actualidad. La proyectada operación de intervenir militarmente en Venezuela y la llegada de supuestamente 800 militares yanquis, a Colombia sin la autorización del Senado colombiano y una violación a la Constitución, están exigiendo que dichas fuerzas no pueden operar en territorio neogranadino y mucho menos para ser utilizada contra ningún país vecino. El ministerio de Defensa está justificando la presencia militar extranjera, pero el tema está en debate.

El interés por América del Sur y fortalecer la influencia política y militar era un objetivo porque Estado Unidos, por sus acciones bélicas durante el gobierno de Clinton en Kosovo y luego el presidente Busch con la ilegítima guerra lanzada contra el gobierno de Sadam Husein, en Irak y la intervención en Afganistán, perdieron el trabajo de influencia en América Latina y especialmente en el Sur.  

Estados Unidos cambió a su favor la correlación de fuerza que había perdido en América del Sur, y apoyado en ese Plan que comenzó en Colombia, con un paciente trabajo de penetración política y de acciones de la CIA, contra  los gobiernos progresistas y revolucionarios que se habían posesionado en Venezuela, Argentina, Paraguay, Bolivia, Ecuador, Uruguay y Brasil, por distintas formas y vías, incluyendo golpes de estado parlamentario o militar como en  Bolivia, hoy  de ese grupo de países,  solo  queda el valiente pueblo venezolano y el liderazgo de la unidad cívico militar y su legítimo  presidente Nicolás Maduro Moro, fuertemente amenazados con una, no descartable intervención militar de Estados Unidos, que puede desencadenar un grave conflicto militar en la región.

Afortunadamente Argentina ha recuperado un gobierno cuyas proyecciones progresistas se han venido manifestando, pero económicamente casi estrangulados por la deuda con el FMI que le dejó el anterior gobierno de Mauricio Macri, no le deja avanzar en los planes sociales prometidos. Y la pérdida electoral de la presidencia del Frente Amplio en Uruguay y el retorno a una política autoritaria, militarista y subordinada a EE: UU de su leal aliado el derechista Partido Blanco.

Recobrar su influencia político militar en Suramérica,  fue uno de los principales objetivos estratégico que se trazó Estados Unidos con el Plan Colombia y lo ha logrado con gran éxito, para el desarrollo y ejecución de este plan, se aprovechó de la apertura del proceso de paz de San Vicente del Caguán para militarmente derrotar a las FARC-EP ese fue el objetivo de  ese Plan, ganar tiempo y apoyar a la oligarquía colombiana y a un gobierno que estaba debilitado militarmente,  prepararlos para la guerra, porque  no podían aceptar los 12 puntos que se había acordado en lo que se llamó, “Agenda común de paz, para la construcción y reconstrucción de la nueva Colombia”. Puntos que a continuación daré a conocer y que fueron los siguientes:

1.- Solución política negociada. Por medio de transformaciones políticas, económicas y sociales, que permitan consenso para la construcción de un nuevo estado fundamentado en la justicia social y conservando la unidad nacional.

2.- Protección de los derechos humanos como responsabilidad del Estado. Derechos fundamentales, económicos, sociales, culturales y del ambiente, tratados internacionales sobre derechos humanos.

3.- Política agraria integral: democratización del crédito, asistencia técnica, mercadeo, redistribución de la tierra improductiva, recuperación y distribución de la tierra adquirida a través del narcotráfico o enriquecimiento ilícito, estímulos a la producción, ordenamiento territorial integral, sustitución de cultivos ilícitos y desarrollo alternativo.

4.- Explotación y conservación de los recursos naturales: Recursos naturales y su distribución, tratados internacionales, protección del ambiente sobre la base del desarrollo sostenible.

5.- Estructura económica y social: revisión del modelo de desarrollo económico, políticas de redistribución del ingreso, ampliación de los mercados internos y externos, estímulos a la producción a través de la pequeña, mediana y gran empresa privada, apoyo a la economía solidaria y cooperativa, estímulos a la inversión extranjera que beneficie a la Nación, participación social en la planeación, inversiones en bienestar social, educación e investigación científica.

6.- Reforma a la justicia, lucha contra la corrupción y el narcotráfico: sistema judicial, órganos de control, instrumentos de lucha contra la corrupción, narcotráfico.

7.- Reforma política para la ampliación de la democracia: reformas de los partidos y movimientos políticos, reformas electorales, garantías a la oposición, garantías para la minoría, mecanismos de participación ciudadana.

8.- Reformas del Estado: reformas al Congreso, reforma administrativa para lograr una mayor eficiencia de la administración pública, descentralización y fortalecimiento del poder local; servicios públicos, sectores estratégicos.

9.- Acuerdos sobre el Derecho Internacional Humanitario: Desvinculación de los niños del conflicto armado, minas antipersonales, respeto de la población civil, vigencia de las normas internacionales.

10.- Fuerzas Militares: defensa de la soberanía, protección de los derechos humanos, combate a los grupos de autodefensa, tratados internacionales.

11.- Relaciones Internacionales: respeto a la libre determinación y a la no intervención, integración regional latinoamericana.

12.- Formalización de los acuerdos

Por cierto, estos puntos no se les dieron prácticamente ninguna difusión por parte de los medios hegemónicos ni nacionales ni extranjeros, o sea que son desconocidos para la gran masa de opinión pública colombiana.

El curso de los acontecimientos posteriores y el fin del proceso como consecuencia de  una oposición política-militar  a las conversaciones de paz, promovida por sectores económicos y políticos, con el apoyo de segmentos castrense de alto rango y  respaldados por los ejércitos privados de los latifundistas y ganaderos y de los capos del narcotráfico, conocidos como Autodefensas Unidas de Colombia o paramilitares, fueron los principales  factores que provocaron  la ruptura de un proceso de paz que hubiera cambiado, no solo el curso de la historia colombiana, también hubiera sido un impulso muy decisivo en la integración latinoamericana y caribeña.  La derrota militar a las FARC-EP nunca la pudieron lograr, pero sí la ruptura de la Mesa de Paz.

Para Estados Unidos y la oligarquía colombiana, contribuir a que se formalizará un proceso de paz de esa naturaleza, era contradictoria con los planes estratégicos de volver a ganar influencia y poder en América del Sur, y Colombia país que para Washington representaba un aliado clave por su ubicación geográfica y sus fronteras con Venezuela, que se había convertido en un mal ejemplo para los países Latino Americanos y cuyos pasos y política  junto a Cuba y Nicaragua, como lo fue la creación de ALBA, UNASUR, la CELAC, para la integración regional ponían a Estados Unidos en una precaria posición.

Tengan en cuenta que la política del actual gobierno del norte, ha sido del Plan Colombia a propugnar la Doctrina Monroe.

En la próxima entrega abordaremos la acción y desenlaces, así como los frustrados procesos de paz durante los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez y de Juan Manuel Santos Calderón.

(*) Periodista, politólogo y analista internacional.
La Habana, 8 de julio de 2020