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Internacional
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Un equipo de 24 científicos envió el 23 de julio una carta a la ONU pidiendo que consideren los daños militares al medio ambiente como un crimen de guerra.



La carta, publicada en la revista Nature, pide a los gobiernos del mundo que protejan la biodiversidad y el medio ambiente, y solicitan una Quinta Convención de Ginebra para desarrollar un tratado internacional sobre la conducta militar.

Las operaciones militares pueden ser devastadoras para el medio ambiente, y los conflictos militares continúan destruyendo la megafauna, empujando a las especies a la extinción y envenenando los recursos hídricos.

Por ello piden regular el comercio de armas y que la industria militar se responsabilice por el impacto medioambiental de sus actividades, lo cual hasta ahora no ha sucedido.

Entre 1962 y 1970 el imperialismo norteamericano arrojó desde sus aviones más de cuarenta millones de litros de Agente Naranja sobre los bosques de Vietnam.

Unos 500.000 niños fueron afectados y sin embargo no han recibido la más mínima compensación económica por parte de EEUU.

Phuong, una niña de unos ocho años, delgadita, alegre y parlanchina parece sufrir un síndrome muy similar al de Down. Pero puede decirse sin temor a equivocarse que es la más afortunada entre varias docenas de criaturas que son atendidas en un ala especial del hospital Tû Dû de ciudad Ho Chi Minh, la antigua Saigón.

En este pabellón viven niños afectados gravemente por el terrible legado del Agente Naranja, un defoliante utilizado por EEUU durante su Guerra de agresión para destruir la selva y dejar a los guerrilleros del Frente Nacional de Liberación sin posibilidad de camuflaje.

Cuatro décadas después del fin del conflicto aún siguen naciendo criaturas con deformidades terribles.

"No podemos estar seguros todavía del tiempo durante el que se extenderán sus efectos, pero muchos científicos ya lo estiman en tres generaciones", dice la doctora Lành.

En la misma habitación donde vive Phuong, hay varias cunas en las que vegetan niños que nunca podrán levantarse. Algunos tienen una cabeza hasta seis veces mayor de lo normal y aplanada, otros enormes ojos de pez...

Un pobre adolescente muestra toda la piel de su cuerpo como si estuviera rayada y además padece un síndrome nervioso extremo que obliga a sus cuidadores a inmovilizarlo en su cama para que no se autolesione.

"Se estima en unos 500.000 los casos que podría haber en los hospitales de todo el país y en muchas aldeas donde sobreviven con sus familias", declara la enfermera Kim Hoa.

El Agente Naranja, del que se irrigaron más de cuarenta millones de litros desde aviones estadounidenses sobre los bosques de Vietnam era un poderoso herbicida compuesto por una mezcla de dos productos químicos: el 2,4,5-T y el 2,4-D. El primero de ellos provoca la aparición de minúsculas cantidades de dioxina conocida como TCDD, el veneno más tóxico de los elaborados por el hombre.

Durante los años de esta perversa operación, más de 2 millones de hectáreas de bosques y 200.000 hectáreas de cultivos fueron severamente dañados o destruidos.

El defoliante destruía la vegetación prácticamente en 24 horas, pero sus efectos iban a perpetuarse mucho más allá de que en esos terrenos no volviera a formarse una selva.

En los primeros años de la posguerra se observó la aparición de un número inusual de cáncer y tumores raros en las zonas donde se había irrigado.

Paralelamente se dispararon los casos de bebés nacidos con malformaciones muy graves: cabezas enormes, brazos que eran muñones terminados en dos o tres dedos, bocas sin paladar, ojos ciegos, síndromes nerviosos, parálisis, etcétera. Y también se multiplicaron los inusuales nacimientos de siameses.

En muchos casos, los padres no habían padecido ni un dolor de cabeza, pero su ADN había sido dañado por la dioxina, un veneno del que basta un microgramo ingerido directamente para causar la muerte.

Al mismo tiempo, miles de veteranos estadounidenses, australianos o neozelandeses también empezaron a sufrir dolencias idénticas a los de sus antiguos enemigos. Y también tuvieron una tasa aumentada de nacimientos de niños con minusvalías, efectos coincidentes con los que se habían dado entre las víctimas del escape de dioxina en Seveso (Italia) en 1976.

Más de 230.000 veteranos de guerra reclamaron indemnizaciones a siete compañías químicas productoras del Agente Naranja (una ley norteamericana prohíbe querellarse contra el Gobierno por acciones de guerra) y Víctor Yanacone, el abogado principal del consorcio de firmas que representaba a los veteranos, expuso ante los jueces una realidad incuestionable: durante la guerra las compañías Dow Chemical y Monsanto produjeron grandes cantidades del herbicida sin preocuparse por eliminar la dioxina; la Fuerza Aérea estaba pidiendo cantidad y no calidad.

Los ejecutivos de las compañías rechazaron cualquier conexión de su producto con el problema, que atribuyeron a causas psicológicas, el llamado “síndrome de Vietnam” (que afectaba a miles de jóvenes que volvían derrotados y rechazados por su propia sociedad), hasta que el número de afectados fue tan alto que hizo absurdas sus alegaciones.

Los directivos de la Dow alegaron que las autoridades se negaron a aceptar los peligros que corrían con su empleo. "Pero nos prohibieron hasta que etiquetáramos el producto con señales de advertencia", declaró un directivo de la compañía.

Así, una hoja de instrucciones entregada en 1966 a las tripulaciones de los aviones encargados de fumigar la selva afirmaba: "este defoliante no es tóxico para la vida humana o animal".

Sin embargo, los efectos letales de la dioxina ya eran conocidas para las autoridades imperialistas. Una explosión en la fábrica de herbicidas de la compañía Monsanto en 1949 en Virginia (EEUU) y un escape en 1964 durante su producción en una planta de la Dow Chemical habían mostrado las fatales consecuencias entre sus trabajadores.

En 1984 las siete compañías productoras del herbicida (Dow Chemical, Monsanto, Diamond, Uniroyal, TH, Hercules y Thompson) aceptaron en un tribunal de Nueva York la creación de un fondo de más de 162 millones de euros para cubrir los gastos médicos que requirieran las víctimas y sus hijos durante un período de 25 años.

En 2015, el Departamento de Asuntos de Veteranos (de EEUU) pagó 24.000 millones de dólares en compensación por discapacidad a 1,3 millones de veteranos de la Guerra de Vietnam.

Sin embargo, Vietnam no ha recibido ninguna compensación por daños similares aunque también demandó a esas empresas químicas, porque la "justicia" imperialista desestimó sus demandas.

Monsanto aduce en su página web que "crearon el Agente Naranja para salvar vidas de norteamericanos" y que es una cuestión "que corresponde debatir entre los gobiernos".

El Gobierno de EEUU exige con rapidez pagos por reparaciones de guerra cuando gana una contienda, pero no concede indemnizaciones si la pierde, como sucedió en Vietnam, donde fue derrotado en 1975.

Ni siquiera acepta pagos cuando ha cometido errores criminales, como sucedió con las familias de 290 pasajeros y tripulantes de un avión comercial iraní derribado en 1988 por un misil de un buque estadounidense en el Golfo Pérsico, al confundirlo con un caza iraquí.

Además del Agente Naranja, EEUU fumigó Vietnam con unos 30 millones de litros de otros defoliantes de efectos dañinos: el Agente Blanco y Agente Azul. Todo un arsenal de armas químicas que acompañaron al tristemente célebre napalm que dejó a miles de víctimas con gravísimas quemaduras.

El heroico Pueblo de Vietnam sigue exigiendo una compensación de los fabricantes estadounidenses del agente químico como último recurso para ayudar a las familias que aún sufren defectos de nacimiento, más de 40 años después del final de la guerra.

El Pueblo deLaos también fue blanco de la fumigación química.

Entre 1965 y 1970, EEUU arrojó al menos 2 millones de litros del Agente Naranja en el sur de Laos.

Allí el número de minas sin estallar y otras municiones esparcidas superan los 80 millones, y continúan matando, mutilando y manteniendo trágicamente al país en un estado empobrecido, décadas después de la guerra.

Por lo tanto, para muchas personas en estos países, el daño que provocó la guerra de agresión imperialista aún no ha terminado.

Sin duda, los daños causados al medio ambiente y las personas son crímenes de guerra.  

Gráfica.- Una enfermera alimenta a niños enfermos por el Agente Naranja en el orfanato de Ba Vi, a 60 kilómetros al noroeste de Hanoi, Vietnam. Foto: Loung Thai Linh (EFE)

Fuentes:
https://www.nature.com/articles/d41586-019-02248-6
https://www.tendencias21.net/notes/Los-cientificos-piden-que-el-dano-al-medio-ambiente-sea-un-crimen-de-guerra_b35899617.html
https://www.eldiario.es/internacional/Agente-Naranja_0_383212103.html
http://www.pacocol.org/index.php/noticias/internacional/5860-vietnam-y-laos-esperan-reparacion-de-eeuu-por-uso-criminal-de-armas-quimicas
https://www.ecured.cu/Guerra_de_Vietnam_(1955-1975)