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A Gustavo Petro no solo le robaron la presidencia con el fraude pagado por el narcotráfico, sino que todas las semanas lo demandan.



La más reciente demanda fue por injuria y calumnia, esta vez lo demandó el jefe ganadero José Félix Lafaurie, el “oficial” de María Fernanda Cabal.

Ante esto, con amigas y amigos liberales y de la Colombia Humana del Valle y Bogotá, empezamos a escarbar en la tradición de los bienes y de la sangre aristocrática de la senadora Cabal. Por ahora, como abrebocas va un pedazo de su árbol genealógico, solo del tronco de su abuelo materno:

*A inicios del siglo XX en Buga se casaron Jorge Molina Cabal y Tulia Martínez Escobar, tuvieron 8 hijos, veamos la descendencia del 3º, el 4º y la 7ª.

El 3º Alfredo Molina Martínez se casó con Nubia Soto Domínguez, su hijo Fernando Molina Soto es el presidente de RCN. El 4º hijo fue Eduardo Molina Martínez quien se casó con Ligia Molina Gutiérrez, una de sus hijas Amparo Molina Molina, casada con Santiago Cabal Rivera, son los padres de la compravotos y senadora del centro democrático María Fernanda Cabal Molina.

La 7ª hija Carmen Molina Martínez se casó con Julio Sanclemente Fernández de Soto, padres de Fernando Sanclemente Molina, a su vez casado con Beatriz Alzate Ronga (hija de Gilberto Álzate Avendaño, el imitador criollo del fascista Mussolini), su hijo es el exembajador en Uruguay, y propietario de la narcofinca Fernando Sanclemente Alzate.

Así pues, tenemos 3 primos: Fernanda la senadora fascista; Fernando el capo del medio masivo de comunicación de la ultraderecha; y Fernando el dueño del predio donde se descubrió el único laboratorio de clorhidrato de cocaína incautado en los 2 últimos años.

Juan Jacobo Rousseau, el “padre” de la democracia occidental, en el siglo XVIII recomendó una fórmula política poco demócrata, propuso sustituir la aristocracia hereditaria por una electiva, es decir planteó un diseño de poder político donde no toda la ciudadanía es elegible, donde la competencia “democrática” se limita a un combo cerrado de apellidos y riqueza. Esta fórmula fue asumida por el capitalismo global, mientras su nombre se fue maquillando: de aristocracia electiva, pasó a llamarse aristocracia representativa, y de ahí al título que hoy le conocemos: democracia representativa.

Este pequeño árbol genealógico vallecaucano, demuestra que en Colombia se impuso la fórmula de Rousseau, eso sí agregándole ingredientes locales a la receta. Porque aquí nunca se han tenido escrúpulos para condimentar con “alquileres” narcos las riquezas hereditarias, como es el caso (de creerle) de la finca de Sanclemente.

El financiamiento del robo uribista a la Colombia Humana para coronar a Duque, e historias como los escándalos recientes de la vicepresidenta, demuestran que la aristocracia colombiana, con tal de conservar el poder, nunca ha dudado en revolverle capitales del narcotráfico a sus inversiones políticas y económicas.

En el 2022 debemos votar contra todas las variables de esta aristocracia narcofascista, y en cambio votar para construir una verdadera democracia participativa, humana e incluyente.

6 de julio de 2020

Tomado de cuartodehora.com