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Esta es la interrogante que muchos estudiosos, analistas, académicos y el propio pueblo colombiano se plantea a diario. Claro que existe una gran confusión sembrada por los medios hegemónicos de comunicación con toda intencionalidad y creado en el imaginario de la opinión pública que: “desarmada y desmovilizada la guerrilla se ponía fin al conflicto”, lo cual es absolutamente falso.



La realidad objetiva para alcanzar la paz tiene que partir de un principio fundamental, estratégico y real es y será la voluntad política que tenga la oligarquía colombiana de emprender cambios estructurales que permitan lograr justicia social, equidad y una distribución de la riqueza equilibrada.

Desde hace muchos años se ha sembrado la idea de que desarmada y desmovilizada las FARC-EP el conflicto armado terminaba, los hechos actuales  han demostrado todo lo contrario,  los grupos de poder político, económico y militar en Colombia, han considerado que  vencidas las FARC-EP,  las otras fuerzas guerrilleras existentes en el país se exterminaban, por considerarlas  fuerzas  militarmente débiles y por tanto en cuestión de muy poco tiempo los sentaban en una mesa de conversaciones y estas aceptaban  las condiciones que  impone el Gobierno.
 
Es precisamente lo que ha planteado el presidente Iván Duque al Ejército de Liberación Nacional (ELN) de que dejen de “delinquir, entreguen las armas y se sometan a las condiciones que el gobierno proponga” y bajo ese principio la Casa de Nariño aceptaría sentarse en la mesa a dialogar, ordenando a las Fuerzas Militares que en los cien primeros días de su Gobierno estas debían de aniquilar militarmente a la guerrilla del ELN.
Craso error, en primer lugar es no conocer al ELN, organización cuya fundación data del 4 de julio de 1964 y cuya formación, militancia y composición siempre ha partido de abrazar un pensamiento político e ideológico nacional liberador, bolivariano y guevarista y si en más de 50 años no han podido derrotar al ELN, dudo de que en cien días, las Fuerzas Militares puedan lograrlo, esa es una guerrilla fogueada en el combate y armada política e ideológicamente. Lo que sí puede lograr Duque es enlutar más a su pueblo bombardeando y ametrallando indiscriminadamente los territorios que consideran ocupa la guerrilla.

Desde la fecha en que fue creado el ELN este se caracterizó, no solo por desarrollarse en el campo militar,  también lo hizo en lo político, social, de masas, juvenil, estudiantil, académico y cristiano, y ese principio se ha mantenido como una organización político-militar. Los colombianos no deben olvidar que cuando las Fuerzas Militares comandadas por el coronel Hernán Hurtado Vallejo en 1973 le propinaron un severo golpe al ELN en Anorí, muchos, incluido el entonces Jefe del Ejército, el general Álvaro Valencia Tovar, declaraban que los “elenos” estaban exterminados, solo había quedado un pequeño destacamento de no más de 80 guerrillero, bajo el mando del comandante Fabio Vázquez Castaño, fundador del ELN. La realidad fue otra, como ave fénix el ELN renació, se recompuso, creció y se fortaleció política, social y militarmente.

Esta es una fuerza política-militar importante, que desde hace muchos años ha levantado las banderas de la paz, siempre bajo el principio de un diálogo que logre el consenso de las partes y con la participación del pueblo representado por el movimiento social y comunitario. Han sido los gobiernos los que con diversos e injustificables argumentos nunca han aceptado sentarse seriamente a dialogar y buscar una paz justa, duradera y definitiva, el ejemplo más palpable es el incumplimiento de los Acuerdos de Paz firmados con las FARC-EP y que con deshonesta conducta con su pueblo, la comunidad internacional,   los países garantes, las Naciones Unidas y con los pueblos de la región, han enterrado lo que fue el sueño de todos los amantes de la paz.

A la oligarquía le es más rentable mantener el conflicto armado porque se benefician del enorme presupuesto que el Estado invierte en la guerra y reciben pingues ganancias.  Resulta realmente vergonzoso e impúdico que se despilfarre el dinero del Estado en bombas, balas y medios de guerra, en detrimento de la salud, educación, cultura y vivienda del pueblo, guerra que solo ha servido para enlutar al país, sépase que el conflicto armado en Colombia según el Centro de la Memoria Histórica (CNMH) de 1958 al 2012 deja una cifra de 262,197 muertos, de los cuales el 80 por ciento eran civiles.

Para entender la actual conducta del gobierno de Iván Duque debe tenerse presente que este representa   al  Centro Democrático, partido político de extrema derecha,   cuyo máximo jefe  es Álvaro Uribe Vélez,  quien históricamente se  ha  opuesto a la paz en Colombia y furibundo enemigo de la Mesa de diálogo de La Habana,  apoyado en  su campaña guerrerista y mentirosa por los medios de prensa  oligárquicos y hegemónicos que fueron  sembrando  la idea, de que el Gobierno de Santos entregaría a la guerrilla el sillón presidencial en la Casa de Nariño, así lo repetían una y otra vez, o que el castro-chavismo se impondría en Colombia, esa era la matriz de opinión que esparcían diariamente y repetían hasta el cansancio los alabarderos del uribismo, del cual era fiel exponente el hoy presidente Iván Duque.

Uribe Vélez, mentor del actual Presidente, cuando ejerció la presidencia,  basó su discurso político bajo el slogan  de “mano dura y corazón ardiente”  y aplicó  la política que llamó  “Seguridad Democrática”  traducido a la realidad no era más que  desarrollar una feroz política contrainsurgente y antidemocrática, enemiga de todos los sectores democráticos, progresistas y de izquierda en Colombia,  con el apoyo político y  militar ilimitado de los gobiernos republicanos y demócratas de los Estados Unidos. El servilismo de Uribe llegó a tal desatino que autorizó, con el apoyo de un corrupto Congreso, el establecimiento de varias bases militares de los Estados Unidos en su territorio. y permitió   que  la Jefatura del  Comando Sur, participara activamente en  operaciones  castrense  en el sur del país contra las FARC-EP entre ellas,  la conocida Operación Tanatos.

La obsesión del presidente Uribe Vélez (2002-2010) por exterminar a la guerrilla lo condujo a ofrecerle a los mandos militares y soldados recompensas monetarias por cada guerrillero muerto, ese ofrecimiento condujo a los llamados “falsos-positivo”,  un eufemismo condenado internacionalmente para referirse a las ejecuciones extrajudiciales de civiles inocentes, cuyas cifras se ubican en más de 3000  asesinatos cometidos por las Fuerzas Militares entre el 2002 y el 2008 y que tiene pendiente que la Fiscalía de la República entregue la información que posee a la Corte Penal Internacional.

Puede afirmarse que los Acuerdo de Paz  firmado entre el Gobierno de Santos y las FARC-EP no han sido cumplido  y en general desconocidos por el régimen del presidente Duque, pues  solo se han interesado en modificar el acuerdo sobre la Jurisdicción Especial de Paz (JEP), tal como declarara el ex comandante de las FARC  Andrés París a la agencia de noticia API,   “para beneficiar a los agentes del Estado vinculados a graves delitos y a terceros elementos que se conocen están vinculados al latifundismo, a los paramilitares y al narcotráfico, al ex presidente y actual senador Álvaro Uribe a quien no le conviene que altos mandos militares declaren todo lo que conocen de los “falsos-positivos” y de otras acciones que le vinculan a los paramilitares y a los capos del narcotráfico” concluyo París.

Los 3 millones de hectáreas de tierras acordados para la entrega a los campesinos pobres no se ha cumplido, ni los acuerdos relacionados a los cultivos ilícitos, la amnistía aprobada por el Congreso y la Corte Constitucional se cumplió a media y hoy aproximadamente unos 600 miembros de las FARC se encuentran aún en prisión. No se han tomado en cuenta los acuerdos relacionados con la reforma política, electoral, judicial y militar y de ellos ni se hablan. Las ansias de reincorporarse a la vida normal de los cerca de 7000 desmovilizados de la organización guerrillera no se han logrado y se sienten traicionados por el Gobierno de Santos y de Duque, teniendo en cuenta, que ellos sí cumplieron lo acordado como lo fue la entrega de las armas, su desmovilización y concentración en las zonas veredales y para colmo dicen, tienen la prohibición de salir del país a visitar a sus familiares, considerándose prisioneros.  El paramilitarismo no ha sido combatido y los territorios que antes ocupaban las FARC-EP han pasado a ser ocupados por estas bandas criminales, quienes imponen a la comunidades campesinas su “ley y su orden” de terror.

Un hecho incomprensible para la mayoría de los estudiosos de los procesos de paz en la región y en otros continentes y para la opinión pública nacional e internacional, ha sido la entrega de las armas, y concentración de las tropas guerrilleras, sin que antes no se hubiera correspondido con la implementación de los Acuerdos, lo que ha quedado marcado para la historia de Colombia como una gran traición al pueblo amante de la paz. Ese será el estigma que llevará por siempre el hoy expresidente Juan Manuel Santos, al no cumplir lo firmado el 24 de noviembre del 2016 y manchará al actual Gobierno por no asumir una conducta política firme y honesta al servicio de la paz.  La credibilidad del Estado colombiano ha quedado en entredicho, maltrecho y desprestigiado ante su pueblo y la comunidad internacional, los organismos multilaterales y las organizaciones sociales y de derechos humanos, pues se trata del incumplimiento de un tema tan sensible como el de la paz.

En definitiva, además de la entrega de las armas,  la gran falencia  de las FARC-EP fue  no acordar  la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente Corporativa, para someter los Acuerdos de la Mesa de Dialogo a la votación del soberano y así convertir los Acuerdos  en una política de Estado y no llegar a un  acuerdo final solo con el supuesto respaldo del Gobierno y más  teniendo como precedente un plebiscito por el Si o el No,  y por el cual ni el Gobierno hizo campaña para que el SI ganara,  pues en definitiva no era vinculante, pero al ganar el No, el Centro Democrático y  el senador Uribe Vélez exigieron revisar, modificar y eliminar algunos temas ya acordados  en La Habana, lo cual fue aceptado y así se hizo.

Al final como esto fue un acuerdo del Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP y cuyos acuerdos para hacerlos efectivos tenían que pasar por la aprobación del Congreso y de la Corte Constitucional, la gran mayoría no han sido aprobados y otros modificados a la imagen de semejanza de los interese del sistema y a pesar de ello no se han implementado. Con estos no pocos elementos le dejo a los amigos lectores que se respondan  la pregunta con la que titule este artículo:  ¿Ha fracasado, sí o no  el Acuerdo de Paz en Colombia?.

Gráfica.- Juan Camilo Restrepo (izq.), jefe negociador del Gobierno colombiano, y Pablo Beltrán (der.), jefe negociador del ELN. Foto: Presidencia de la República


(*)  Periodista, politólogo y analista internacional
La Habana, 27 de octubre del 2018.