Salud
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Al terremoto ocurrido 22 de mayo de 1960 en la zona de Valdivia, Chile, se le considera como el mayor de la historia  registrado hasta ese momento con una intensidad entre X y XII grados en la escala sismológica  de Mercalli, que afectó cerca de 1.000 kilómetros de tierra y mar, desde Biobio hasta Aysén y duró aproximadamente diez minutos.



Además, ocasionó un tsunami que cruzó el océano Pacífico y afectó lugares tan distantes como Japón, con olas de hasta dos metros de altura, Filipinas y Hawai, veintidós horas después de ocurrido el movimiento telúrico en Chile.

En La Habana, tan pronto conoció la noticia, el entonces primer ministro Comandante Fidel Castro, le ofreció al Pueblo chileno la solidaridad del Pueblo cubano, así como una ayuda material y humanitaria.

El 23 de mayo a las 6 de la tarde los representantes de la prensa extranjera acreditados en Cuba fueron convocados por el Ministerio de Relaciones Exteriores, para darles a conocer el llamamiento dirigido a América Latina y al mundo, que había redactado Fidel, sobre la grave situación que había provocado el terremoto en Chile.

Junto al primer ministro también se encontraba, Raúl Castro, ministro de las FAR, el embajador de Chile en Cuba, y el de Cuba en Chile, que había llegado recientemente al país, así como otros ministros y diplomáticos.

El doctor Regino Boti, ministro interino del MINREX, leyó el llamamiento:

“El Gobierno Revolucionario de Cuba, en presencia de la catástrofe que sufre actualmente la República de Chile, más que oportuno estima urgente dirigirse a los demás Gobiernos y Pueblos y en particular a los del Continente, seguros de que vibra en ellos como en nuestra Patria, un hondo sentimiento de consternación y solidaridad ante la tragedia chilena y un definido propósito de hacer algo efectivo para aliviar ese drama colectivo.

“Las descripciones palidecen ante los efectos del sismo que ha azotado en estos días a ese Pueblo hermano. Ciudades enteras han desaparecido y en numerosas poblaciones chilenas los bienes de la civilización y de la vida humana han quedado reducidos a lo elemental. Todo ello, que se dice fácilmente, pero que es agonía y muerte vivirlo, reclama la mano tendida de América

“Ahora, cuando las convulsiones de la naturaleza se ceban en Chile, un compromiso sagrado de solidaridad, continental inspira el llamamiento por el cual el Gobierno de Cuba lanza, la iniciativa de auxilio inmediato al Pueblo chileno, para aliviar la triste suerte de millares de familias de aquel país. Y confía en que este llamamiento a los Gobiernos de América y del mundo encontrará en cada uno de sus pueblos la acogida esperada”

Terminada la lectura del documento, y en diálogo con los periodistas, Fidel informó que el Gobierno enviaría de inmediato un avión con médicos y medicinas para socorrer a los damnificados. En ese momento llegó a la Cancillería el doctor Salvador Allende, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado Chileno, quien luego de conocer el llamamiento de Cuba, dijo sentirse muy emocionado y en nombre del Pueblo de Chile agradecía al de Cuba por el apoyo y la solidaridad brindada.

En horas de la mañana de ese mismo día 23, la FEU había organizado en la histórica escalinata de la Universidad de La Habana, por la calle San Lázaro, un punto para recaudar donativos de la población. Muy pronto el lugar fue prácticamente inundado por bultos y paquetes de donaciones que el Pueblo espontáneamente entregaba a los jóvenes universitarios.

Por la madrugada despegaba un avión con 15.000 libras de víveres, ropa, vacunas, antibióticos, plasma, y sueros en sus bodegas, valoradas en unos cien mil pesos. Viajaban además, los médicos cubanos Comandante Oscar Fernández Mell, presidente del Colegio Médico Nacional; Esdras López Perdomo, cirujano ortopédico de las FAR, y Roberto Guerra Valdés, profesor  titular de Cirugía, de la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana, entre otros funcionarios y técnicos de la salud.

Si bien es cierto que oficialmente se considera a la brigada médica internacionalista cubana que viajó a Argelia en mayo de 1963 como la primera de su tipo, tampoco es menos cierto  que la primera Ayuda Médica Internacional Cubana  organizada por el Gobierno Revolucionario fue la de Chile, en mayo de 1960. Ambas son antecesoras de la Brigada Henry Reeve (Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias).

Cuba primer país en ofrecer ayuda

“Santiago de Chile, mayo 24, (Prensa Latina)

“El matutino El Siglo dedica hoy la mayor parte de su edición a informar sobre la tragedia: Un maremoto y nuevo terremoto en el sur. La gente huye en todas partes a los cerros”, dice a todo ancho de su primera página.

“… En un artículo editorial y bajo el título de: “La solidaridad de los cubanos”, expresa: “Cuba ha dado ayer una demostración de solidaridad que Chile entero debe agradecer en toda su honda y tierna magnitud”

“Apenas se supo en La Habana la noticia del terremoto que asoló cuatro importantes provincias de nuestro país, a las que llevó la muerte, el dolor y la miseria, el Gobierno Revolucionario ofreció a Chile el envío inmediato de un avión con ropas y medicamentos para los damnificados. Cuba fue el primer país en ofrecer la ayuda”.

Se creó el Comité Pro Ayuda a Chile, integrado por un grupo de organizaciones como la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), entre otras, para recaudar, procesar y almacenar la ayuda que el Pueblo, a todo lo largo y ancho del país donaba para los damnificados del hermano Pueblo chileno.

Mientras tanto nuevos movimientos sísmicos continuaban devastando a Chile, aumentando el número de víctimas, por lo que Fidel informó que el Gobierno Revolucionario donaría un millón de dólares: $800.000 en azúcar y $200.000 en efectivo. Por su parte la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros (FNTA) confirmó que entregaría 5.000 sacos de azúcar.

La Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR) envió en un avión C-46 un helicóptero desarmado con su piloto para cooperar en las labores de rescate y auxilio.

El periódico “Hoy” en su primera plana informaba que el día 27 había partido rumbo a Chile el presidente de la FEU con una Carta Crédito de $45.000 pesos, de ayuda a los damnificados y que al siguiente día un avión de Cubana de Aviación transportó 30 toneladas de medicinas y otros insumos.

Ya para el 31 de mayo el Comité Nacional Pro Ayuda a Chile tenía 200 toneladas de mercancías de todo tipo envasadas y $25.000 pesos recaudados, y continuaba el Pueblo cubano dando su generoso aporte para los damnificados.

Para trasladar a Chile las donaciones recibidas el Gobierno Revolucionario destinó al recién adquirido buque mercante Habana, de 3.800 toneladas de desplazamiento. Los damnificados chilenos recibirían del Pueblo cubano el siguiente cargamento:

Piezas de ropas de mujer, 22.000; de hombre 13.000; de niño 9.000; frazadas, sábanas y fundas de almohadas 3.000; zapatos 5.500 pares; 4.000 grandes cajas de medicinas; 16.500 sacos de azúcar; 200 sacos de café y cientos de cajas de alimentos: jugos, galletas, chocolate, carnes y vegetales en conserva, así como $50.000 dólares en efectivo.

Se organizó un acto en la plazoleta de Desamparados y Compostela la noche del 9 de junio para despedir al buque mercante Habana, donde intervinieron, el presidente de la FEU, el  embajador de Chile; representantes de la Cruz Roja y de la CTC, y Vilma Espín por la FMC.

En el resumen del acto Fidel expresó estas lapidarias palabras:  

“…este hermoso ejemplo es la semilla más fecunda que pueda sembrarse en América, esta solidaridad honesta y verdaderamente desinteresada, esta prueba de amor y de hermandad, ésta prueba de compenetración entre los Pueblos…”

Y así fue. Años más tarde, de esa semilla plantada brotaron cientos de miles de médicos, especialistas y enfermeras que agrupados en la Brigada Henry Reeve, han ofrecido y ofrecen sus nobles servicios en numerosos e intrincados pueblos del mundo en medio de terribles pandemias o desastres naturales.    

3 de julio de 2020

Tomado de Granma digital

Desde Cuba: Médicos y solidaridad para salvar al mundo